La disputa por la pregonera


Al final voy a tener que escribir sobre esta presunta polémica. Al pan, pan y al vino, vino. Aquí el único problema es que hay muchas ganas. Muchas ganas de aprovechar la mínima para atacar. Hay un sector del periodismo, y de la sociedad, que le tiene ganas a la iglesia y muy en concreto a la jerarquía. Y si encima lo aderezamos con cuestiones políticas, pue tenemos un excelente microclima para que crezcan hongos.

A parte de esto, la realidad, o lo que se asemeja a ella es algo parecido a esto: el arzobispo Ricardo Blázquez ha mostrado cierta objección a la forma en que Soraya Sáenz de Santamaría ha sido la elegida para dar el Pregón de la Semana Santa. Y además se ha preguntado si es la persona idónea para dar ese pregón.

Sobre lo primero, pues decir que el proceso de elección parece que lleva siendo así desde hace algo así como 15 años, donde el alcalde de la ciudad elige (se supone que entre una terna) al candidato más apropiado; es lo que tiene la Semana Santa, al ser un evento turístico, social, cultural, patrimonial y religioso.

Y sobre lo segundo, que es donde los que tienen ganas han encontrado la carnaza donde incar el diente; que es el tema de la idoneidad de la vallisoletana Sáenz de Santamaría como pregonera de la Semana Santa. Parece que su estado civil es lo que ha desatado la polémica, (para algunos). Lo fácil, es decir que un obispo no quiere que una persona de un pregón por su estado civil. A lo que se añade la circunstancia que tal pregón se da en la sede catedralicia ante el arzobispo.

Ante esto, yo estoy de acuerdo con mi obispo. Me cuestiono si esta forma de elegir el pregonero, es la ideal; y me cuestiono si lo que transmite con su persona Soraya Sáenz de Santamaría es lo que quiere transmitir Valladolid y su Semana Santa. Doy por sentado que se la ha elegido por su capacidad, su currículum y por el “tirón” mediático – también necesario- que necesita un evento de este calado. De lo que estoy seguro es que habría otras personas que podrían pregonar mucho mejor un testimonio personal de lo que significa la Pascua, que creo que en el fondo es lo que dice D. Ricardo.

Permíteme rizar el rizo, por si esto fuera poco, hay otros políticos que intentan sacar réditos basados en falacias; y hablo de Carmen (o Carme, depende de la región) Chacón: “Ni comparto ni comprendo el ataque del arzobispo de Valladolid contra la vicepresidenta”. Parece que la que no comprende es ella, que de ataque nada.

Y enlazo esta polémica falsa con algo que no viene muy a cuento y que lo lanzo como reflexión: ¿Por qué en las recientes series pseudo-históricas el papel que ejerce el obispo/cardenal es el del malo malísimo?.

Recomiendo leer el enlace de Religión Digital para tener una visión más actual de la presunta polémica.

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Spanishrevolution


¡Mira que tenía parado el blog! Pero nada, al final, la cabra tira al monte y volvemos a escribir porque me gusta hacerlo. Lo que siento es que tenga que haber un movimiento como el del 15M para ello.

La verdad es que me apetece escribir sobre este tinglado que se ha montado en nuestro país; aunque sin embargo, hay miedo de hacerlo de una forma parcial y con una información sesgada. Pero aún así, creo que se merece un hueco en mi blog.

Para empezar por el principio, quiero ponerte aquí dos vídeos que exponen la causa de todo. Son para mí una muestra rápida del orígen de las protestas. Son unas charlas que dio Arcadi Oliveres (quedaros con el nombre) sobre el paro y el fraude fiscal. [El primero está en catalán, pero subtitulado al castellano].

Y en este otro, aunque se refiera a las relaciones internacionales, habla claramente del “tipo” de representantes que gobiernan las naciones.

¿Indignados? ¿O no será mejor decir ¡Despiertos!?

En mi pueblo dicen que cuando el río suena, agua lleva. Y parece que oíamos rumores de políticos corruptos, que solo quieren medrar y pensar en sí mismos; de los banqueros, que mandaban más que los propios políticos y que gracias al dinero conseguían lo que querían; de que había paro, pero críamos que los jóvenes no se esforzaban lo suficiente por conseguirlo. Pero además, sabíamos que lo que leíamos y escuchábamos en los medios de comunicación, no se ajustaba a la realidad, porque únicamente obedecía a los intereses de esa cadena y no al de reflejar lo más fidedignamente la realidad. Así que nos encontrábamos en un sueño, o una pesadilla.

Creo que el movimiento 15M o #spanishrevolution no surge de la noche a la mañana. Mejor dicho, la gente que lucha a día de hoy en las plazas de las ciudades por lo que cree, ya lo hacía antes. Ya había antes un montón de movimientos, partidos, oenegés, coordinadoras de oenegés que luchaban por un mundo y un país un poco más justo. Cada uno con sus ideologías, sus propuestas y sus métodos.

Y aparece todo éste movimiento. Quién sabe si lo lanzó algún partido político. Quién sabe cómo se gestó y con qué fines. Quizás ahora es lo de menos; el caso es que se ha abierto una Caja de Pandora. Aunque comparativamente no haya mucha gente; ¿un uno por mil de la población española está en las plazas?; es un movimiento significativo. Hay a gente que la política le interesa, hay gente que quiere proponer cambios, hay gente que denuncia lo que no le gusta, hay gente muy molesta e indignada con sus representantes. Una minoría, sí. Y son jóvenes la mayoría de ellos, que junto con los pensionistas, son los sectores más sufridores de la coyuntura socio-económica española.

Ayer estuve en la asamblea vespertina de mi ciudad. La único que no me gustó fue que la masificación provoca aborregamiento. Es decir, y por poner un ejemplo, cuando se proponía la votación de algún punto, era difícil que la gente se manifestase en contra de la propuesta, aunque así lo manifestara su rostro. Es más, tuvo que salir uno de los coordinadores para dar voz a los que no estaban muy de acuerdo (aunque él sí estuviera de acuerdo con ése punto). ¡Cuánto cuesta a la gente vencer el qué dirán!

Y lo más positivo que ví fue el espíritu de unión y de intentar recoger todas las sensibilidades. El que sea un foro, o un nuevo ágora griego en el que la gente puede hablar en la plaza de lo que le importa, escuchando, proponiendo, trabajando. Y quiero insistir en ésto último, me llamó la atención que no vi consumir bebidas en la plaza, el que estaba en la plaza, estaba o reunido, informándose, discutiendo, informando al ciudadano, debatiendo, trabajando con papeles o coordinando. Y en los bares de alrededor, también había gente hablando y debatiendo, pero como diferenciando el trabajo de la vida social. Fue una percepción mía.

Yo no sé en qué acabará ésto. Parece que la meta son las elecciones del año que viene, si no las adelantan, claro. Pero para ello se debe llegar a un manifiesto, o unas propuestas reales que llevar a quien competa. A día de hoy parece que las asambleas de la ciudades están trabajando en ésto y creo que uno de los principales problemas que tienen, es dilucidar si presentar unas propuestas concretas y quizás algo excluyentes; o en cambio realizar un consenso de mínimos primando la fuerza de la unidad sobre la inconcrección de los puntos. Pongo dos ejemplos: desde Madrid se proponen 16 propuestas concretas, aunque creo que están ampliándolas; y por otro lado, tenemos la opción de Badajoz, por ejemplo, que es menos concreta, pero mucho más abierta.

Creo que el movimiento tiene dos funciones o deberes con la ciudadanía, (pues una de sus vocaciones es la de ser un movimiento ciudadano por y para la ciudadanía):

  1. Informar a la población de sus propuestas, elaborar materiales utilizando la Universidad como fuente y la red como medio. Cursos en Centros Cívicos y Asociaciones.
  2. Denunciar y manifestarse cívica y pacíficamente en contra de las acciones con las que están en contra. Llevar a cabo acciones representativas que consigan sensibilizar a la ciudadanía de los abusos o ilegalidades que se producen en la clase política.

Desde éste blog, apoyo cibernéticamente la campaña, siempre que se respeten, escuchen y se reflejen todas las opiniones, siempre que se esté al servicio de los ciudadanos, siempre que sea democrático y siempre que sea pacífico. Todo ello aderezado de una pizca de rebeldía y de buen humor.

Por ello difundo diferentes enlaces:

Acaparamientos


Ya sabía yo, que iba a tener que escribir… Si es que… ¡No me toquéis la Semana Santa, que me conozco!

Pues nada, que se veía venir. ¡Y zasca! ¡Polémica al canto!

No voy a entrar sobre el aborto. No quiero discutir sobre qué es vida, y que no es vida. Cuando es moral e inmoral el aborto. No.

No voy a entrar tampoco en la ridícula campaña de la iglesia comparando a un bebé con un lince. En otras campañas, están más acertados; pero en ésta, se han lucido, ¡y bien!.

[Por cierto, que os veo venir. En el título no pone nada relativo a los parkings, si no al hecho de acaparar. Si lo has leído bien, enhorabuena.]

A mi esto me está dando un tufillo, un poco raro. Lo de acaparar, digo. Me huele que más de uno, se está intentando acaparar de lo que ya no es totalmente suyo como antaño. Y me refiero, para empezar, a la iglesia y a la Semana Santa.

Pretender utilizar esta Semana Santa como pancarta, es algo que hubiera sido viable hace 30 o 40 años, pero ahora no. Y lo que más me duele es que se quiera utilizar con chulería, como demostración de poder ante el gobierno, como queriendo decir (imaginaos a Gila diciendo esto al teléfono) “Mira, mira, pues parece ser que hay mucha gente que está en contra tuya…! ¡Y parecen organizados!”. Como diré luego, la Semana Santa, es un producto cultural, no religioso. Si fuera únicamente religioso, muchas cosas tendrían que cambiar…

Luego están las Cofradías y Hermandades, curiosas instituciones que sobreviven aún en nuestros tiempos. Y no sólo sobreviven, sino que a veces acrecientan su número, y más aún en estos tiempos en los que todo lo que huele a cristiano tiende a decrecer. ¿Por qué será? Tómalo como crítica y/o alabanza.

Pues parece que también ellas se quieren adueñar y mear fuera del tiesto. Y no es la primera vez, que tienen disputas barrio bajeras. Me refiero en concreto a las vallisoletanas que se niegan a acudir al pregón que dará Gustavo Martín Garzo. Algún día aprenderán que lo importante no es su cofradía, sus pasos, su banda, su hábito, sus procesiones y su sede. Ya no entro a valorar que sean cristianas o no, pues hace tiempo tengo mis conclusiones al respecto; sino que su papel es uno más dentro de estas grandes “tragedias barrocas”. Que sin el escenario, ni las luces, ni el director, ni el atrezzo (bueno, eso ya lo ponen ellos), no son nadie. Que si el alcalde no les corta las calles, no pueden sacar a “sus pasos”, que son patrimonio de todos.

La Semana Santa es algo culturalmente complejo de definir, pues es la suma de muchos ingredientes. Todos sabemos de donde surge el celebrar la Semana Santa en nuestros lugares de esta forma, en su momento tenía un sentido. Pero ahora tiene otro, en el que tiene más peso la tradición y las formas, en detrimento de la religiosidad y el contenido. Si quisiéramos ahora actualizar su contenido, celebraríamos ahora la Semana Santa de otra forma diferente y… ¡se nos tacharía de herejes!. Imaginaos la Semana Santa como la Partidance, igual en las formas, pero cambiando el contenido. La Partidance (con sus detractores, entre los que me encuentro), es una forma actual de celebrar masivamente algo; como lo eran los enormes pasos de las diferentes cofradías en los siglos precedentes.

Y para mí, su principal valor es éste, el de haber preservado su espíritu a lo largo de centenares de años, lo que la hizo ser lo que es. Y eso, es algo cultural, pero con un marcado trasfondo religioso. Y también me atrevería a decir que creo que nuestra Semana Santa catequéticamente, pedagógicamente, celebrativamente y espiritualmente (¡cuanta mente!) no es la mejor manera de vivir la Pascua. O al menos, sólo las procesiones. Menos mal, que por parte de la jerarquía, se está pretendiendo utilizar este período de masas para dar cierto sentido a estas fechas mediante celebraciones litúrgicas y actos catequéticos.

Para terminar; un simple lazo blanco no va a empañar una Semana Santa. Pero pienso que no es el lugar. Los cofrades no son como los jugadores de fútbol que llevan brazaletes cuando hay que sumarse a alguna conmemoración o protesta, o no deberían serlo.

El atreverse a proponerlo, me parece algo mal educado, por que se pone a las cofradías en un brete; me parece fuera de lugar, por que es querer acaparar un protagonismo que ya no tienes; me parece una meadura fuera del tiesto, por que gracias a la postura tan clara de rechazo hacia el gobierno, al proponerlo, estás politizando las procesiones; y por último, el lazo blanco en un cofrade me parece una horterada macarra.

Si el debate hubiera surgido dentro de las propias cofradías, me parecería algo totalmente sano. Aún así, creo que lo del lacito blanco, no es la mejor solución para mostrar un desacuerdo hacia este tema. El que quiera manifestarse, que lo haga en las manifestaciones. Pero las procesiones, son lo que son: algo cultural, tradicional, con un fuerte trasfondo religioso, y ese trasfondo lo pone (o no) la persona que participa en ella, bien sea un cofrade, un conciudadano o un turista. Creo que esa es más o menos la realidad.

Por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar en todos los gestos que se hacen el Domingo de Resurrección? ¡Eso, si es celebrar la vida! Invito a que los que quieran estar a favor de la vida, a que vivan de una forma especial ese domingo.

Crucifijos liberadores


Antes de empezar, quiero que quede clara una cosa, este tema toca muchos otros temas transversales: religión, cultura, represión, libertad, fe, saber estar, moral, civismo… Por lo tanto, me es totalmente imposible abordar todo esto en un artículo, así que se me pasarán un montón de cosas por comentar.

Crucifijo en la claseMe alegro, me alegro mucho, de que la gente empiece a pensar por sí misma en lo que cree y en lo que no, y por qué cree, y en qué cree. La pena es que se tenga que haber llegado a las escenas de tensión que se han visto en los medios de comunicación en el Colegio Macías Picavea. (Si Don Ricardo viese ésto, le gustaría).

Creo que lo más importante de esta polémica no es que un trozo de madera, escayola o silicona cuelgue de una pared, sino todo lo que significa. No sólo lo que simboliza el crucifijo para los cristianos, sino lo que significa para los que no lo son. Es esto último lo que me induce a pensar. ¿Qué pasa para que los no cristianos (los gentiles, en términos bíblicos) no quieran ver un crucifijo en las clases?

Las razones que se dan para proceder a la retirada de los crucifijos son: que España es un Estado aconfesional y porque su presencia ofende. Vayamos por partes:

1. El que estemos en un estado aconfesional quiere decir según el Art. 16 de nuestra Constitución que:

“1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

No me meteré aquí como jurista de pacotilla, pero como se leer y pensar algo, concluyo que el Estado, estará al margen de las religiones, no se dejará influir por ellas; ahora bien, tendrá en cuenta las creencias de la gente. No quiere decir esto, que el Estado vaya en contra de las religiones, o que haga caso omiso de lo que la gente crea y actuar independientemente de las creencias populares, eso sería un Estado laico. Y en España eso no es así.

2. Sobre si la presencia del crucifijo ofende. En esto yo no puedo hacer nada. No me puedo poner bajo la piel del otro y sentir lo que el otro siente. Sí que lo puedo comprender, y entiendo que haya mucha gente que se sienta dolida y ofendida por las actitudes que en concreto la Iglesia ha tenido en el pasado. Lo comprendo. Comprendo que un padre no quiera que su hijo vea todos los días un crucifijo. Creo que tampoco es la forma correcta de superar una supuesta fase dolorosa de tu vida; creo que hay mucho “resquemor” y mucho odio mal enfocado detrás de esto, pero lo entiendo.

3. Una tercera causa podría ser el “porque hayan estado ahí desde siempre, no tienen porque seguir estando”. Razón, para mí justificada. Es bueno revisar de vez en cuando costumbres, leyes, normas. Ahora bien, ¿porqué se produce ahora esa reflexión?. Dejo ahí la pregunta.

Opinión personal: me parece un ejercicio sano el preguntarse el porqué de las cosas, el revisarlas. Si el crucifijo ofende, quitémosle. Si el crucifijo no representa nada para la mayoría, pensemos en quitarle. El que quiera una educación cristiana (con su crucifijo en la clase) para su hijo, que le lleve a un colegio donde les haya. Ahora bien, no nos pasemos de listillos, de modernos y de progres cuando la sociedad (la mayoría) no lo es todavía. Y recalco el todavía, porque creo que este debate como otros muchos se tienen que producir. La pregunta es ¿es la sociedad lo suficientemente madura y tolerante para afrontarlo y decidir?. Yo creo que no. Y lo explico de la siguiente manera:

Si el Consejo Escolar del colegio hubiera decidido quitar los crucifijos (aun con discrepancias dentro de él), no habría pasado nada. La vida seguiría su cauce, nos parecería de lo más normal; de hecho ni nos hubiéramos enterado, como ha ocurrido on otros miles de colegios. No habría habido sentencias, ni declaraciones incendiarias (principalmente dentro del seno de la Iglesia), ni agresiones verbales, ni maltrato, ni vejaciones, como las que está sufriendo el impulsor del proceso judicial. Sin embargo, los demandantes no acatan la decisión del Consejo Escolar y prosiguen con todo el proceso durante 3 años, hasta que les dan la razón. ¿Cómo se sienten ahora los padres que querían el crucifijo en las clases? El hecho de haber recurrido es el mayor hecho de intolerancia. Aunque tengan razón, ¿no han sido ellos más intolerantes por haber privado a los otros padres de un derecho que ya tenían? ¿No es acaso una incoherencia ser intolerante reclamando tolerancia?

Como cristiano, creo que esto es una buena noticia. No sé si es que lo veo demasiado optimista o es que es así. Me explico. Ya va siendo hora de que la gente nos mojemos, de que decidamos cada uno en lo que creemos, en qué Iglesia creemos. ¿Cómo queremos que sea nuestra Iglesia?. Si creemos en una Iglesia omnipresente, casi como si fuera la religión oficial del Estado (cosa que sería anticonstitucional), alimentadora y alimentada sólo por la presencia ritual, aborregadora y aborregada, dejándose llevar como átomos de mar en la marea, dogmática, legisladora y legislada por normas y preceptos… O si creemos en una Iglesia pequeña, trabajadora, que evangeliza con obras, sabiduría, testimonios, que cree en la libertad de la persona y que actúa en el corazón de cada creyente… Ahí os dejo el debate.

Una tarde de verano


Rodeado de papeles, folletos, clips, útiles de oficina, luces, plantas, y en general papeles, papeles y más papeles, me encuentro disfrutando de una tarde veraniega en la oficina. Lo que escriba de aquí en adelante sólo depende de lo que pase a mi alrededor, no tengo ningún guión pre-establecido.

Los pocos y atrevidos paseantes que aún quedan por el paseo van afanados en sus quehaceres, quizás van deprisa por llegar lo antes posible a la mesa; otros en cambio parecen disfrutar de un lento paseo a la sombra de los altos árboles centenarios, olvidándose un poco de su rutina cotidiana e incluso olvidándose de su ciudad habitual.

El paseo da una apariencia de vitalidad un poco artificiosa, en parte por el verdor regado por el sacrificio del preciado líquido elemento; y al igual sucede con los centenares de plantas que muestran a los viandantes su verdor y los colores exóticos que portan sus pétalos rosas, violetas y blanquecinos.

Pero en el suelo yacen las pruebas de que los calores del verano pasan factura al mundo vegetal: miles de hojas ocres y amarillentas permanecen en el suelo permaneciendo quietas o moviéndose al azar meciéndose a merced de cualquier aire que tenga a bien a hacerlo. Igualmente al azar es su disposición en los baldosines, la mayoría agolpadas en grupos como si tuvieran miedo a su soledad y otras desperdigadas por el asfalto bajo las normas de alguna ley matemática de dispersión indescifrable.

Mi música sigue sonando canción tras canción y la sombra sigue moviéndose segundo a segundo, creando nuevas formas y nuevos espacios, alargándose o acortándose dependiendo del movimiento infinito de la gran esfera. Y los chicos siguen disfrutando de las bicicletas, que como la obra de Fernán Gómez, son también para el verano.

De vez en cuando, algún turista (eso en lo que nos convertimos sin querer cuando salimos de nuestra ciudad), pregunta por lugares donde comer, o algún sitio interesante que visitar, o dónde pueden ir a tomar copas por la noche.

Todo esto y mucho más sucede en una tarde de verano. Sólo basta con observar un poquito lo que tenemos a nuestro alrededor. Si no lo hacemos, es sólo una de otras tantas tardes de verano, una simple tarde de verano.

Otra Semana Santa


El título se puede leer de dos formas diferentes, elige la que quieras.

Y llegamos ya a la semana santa, o como dicen las señoras del barrio la semanasánta, todo seguido como el paso doble. Celebramos el nacimiento de Jesús hace pocos meses y ya le queremos matar. Habrá que echarle la culpa a la luna y no a la Iglesia. Pero eso es otro tema que no viene al caso.

Aunque pueda parecer que lo que diga hoy suena en tono negativo y con una visión un poco pesimista, creo que no es así. Lo dejo a vuestro juicio.
Se acabaron los tiempos de comunión Iglesia-Estado con la dictadura y se abrió un nuevo e ilusionante período de transición y democracia. Se acabó la Semana Santa que teñía de negro y morado el país y en la que el silencio cobraba un sentido más allá de lo personal, volviéndose comunitario e incluso estatal. Se acabó una Semana Santa de ropa reluciente, celebación de Oficios, sermones, fervorines y procesiones en masa. Tiempos de vivir, o mejor dicho de estar rememorando algo que ocurrió hace muchos, muchos años.

Y hemos dado paso a otra forma de estar (o celebrar y vivir) en Semana Santa, por que la Semana Santa, ha sido la misma casi siempre. Hemos pasado a una Semana Santa muy valorada por la gente por ser un merecido descanso después de tres o cuatro meses sin a penas vacaciones. Tiempo para ir al pueblo, con los familiares, para ir a ver otro tipo de Semana Santa, para conocer otros países, para disfrutar de un veranillo anticipado, o simplemente para cambiar de rutina.
Es también un tiempo para quedar con amigos, conocidos y ver procesiones; tiempo de bares sopas de ajo y comidas y cenas; tiempo de ver en casa Rey de Reyes, o Los Diez Mandamientos y en los canales anti-iglesia Roma, la serie. Porque ¡claro!, todavía resulta muy novedoso y demasiado progresista poner en la parrilla del Viernes Santo “Instinto Básico”. (Perdonen ustedes, este ha sido un calentón puntual).

Y quizás la Semana Santa, se ha convertido en un batiburrillo folklórico. En cierta manera, allá cada uno en lo que crea y en lo que quiera hacer en estos días de vacaciones. El tiempo, es al fin y al cabo tiempo y cada uno lo gestiona como quiere, según sus anhelos, necesidades o deberes y obligaciones.

Y creo que esta semana de opciones eclécticas, podemos optar por algunas claves, que no nos fallarán. Os voy a dar algunas, seais o no seais creyentes:

1. Tiempo de silencio. Creo que el silencio es uno de los grandes damnificados en los últimos años, creo que le hemos ninguneado, menospreciado y olvidado. De hecho, creemos que no le necesitamos. Bajo nuestra filosofía y forma de vida hiperproductiva, hemos ido eliminando progresivamente momentos que creíamos que no nos aportaban nada y les hemos sustituído por otras actividades cuyo resultado era visible a corto plazo. De hecho, cuando llegamos a casa, o ponemos la radio o vemos la tele o ponemos el ordenador para informarnos o evadirnos. Y sin embargo, nos interesamos por filosofías orientales como la zen, en la que la meditación y el silencio son primordiales. Bueno, pues propongo la Semana Santa como herramienta para (re)-encontrarnos con el silencio, a veces roto únicamente por los roncos tambores.
Un ejemplo concreto: el Miércoles Santo, a las 24.00 horas, sale del Monasterio de San Benito una procesión que en su recorrido, por ejemplo en la Calle Santo Domingo de Guzmán, podemos encontrarnos con el silencio. Pero en cualquier otra procesión, primordialmente nocturna, lo encontraremos.

2. Tiempo para los sentidos. Aprovechemos el ambiente de la ciudad, aun con la gente que no respeta lo más sagrado: a la gente. Aprovechemos el que todo el mundo se vuelque en la calle, y aprovechemos el ambiente que se crea con la gente que quiere respetar los valores tradicionales de nuestra semana santa: silencio, respeto y compromiso.
Aprovechemos el silencio, los tambores y cornetas, las bandas que cada vez trabajan más, la cadencia del ritmo que cala hasta el corazón del que se quiere sumar a él. Aprovechemos el crepitar de los trajes al acariciar y a la vez desgastarse en el “enlosado”, esa metáfora de la Pasión. Aprovechemos el sonido de las múltiples campanas de la ciudad, esforzándose por transmitir un mensaje milenario.
Aprovechemos los aromas que sólo podemos oler en esta semana, no sólo a incienso, a cera, al olor a primavera que empieza a despertar.
Pero si hay un sentido al que hay que homenajear es el de la vista. Aprovechemos esas espectaculares, sobrias, soberbias y eternamente bellas tallas e imágenes realizadas no sólo gracias a la pericia técnica de un artista, sino también gracias al proceso de interiorización de las escenas que logran plasmar. Aprovechemos las llamas tintineantes en medio de la tiniebla, esos focos que provocan fantasmagóricas y sugestivas sombras en las paredes de la villa. Aprovechemos esas largas hileras de personas anónimas, cómplices en cierta medida de una injusticia atemporal, caminantes sin gloria, sin una meta fija.
Momento concreto: Plaza de San Joaquín y Santa Ana, 24.00 horas del Jueves para el Viernes Santo, Procesión del Santo Entierro.

3. Tiempo para recordar. Para recordar a los seres queridos que no están y con los que vivimos momentos similares los años anteriores. Para recordar momentos importantes en estas fechas en años anteriores. Para recordar e intuir, viendo las espectaculares tallas y el rito de las procesiones, como se celebraba esta semana en otros tiempos, en otro siglo, en la misma ciudad. Para recordar, hace menos de 2000 años, quién, por qué y para qué, mataron a un hombre llamado Jesús. Para recordar que ese hombre sigue vivo hoy.
Momento concreto, Procesión General de la Pasión, tarde-noche del Viernes Santo en el centro de Valladolid.

Aun siendo un tiempo de batiburrillo folklórico, en los ritos, en las calles, se puede saborear un sabor distinto, se pueden degustar sustancias añejas con un aire de nueva cocina, “más fashion”. Que cada uno gestione su tiempo como quiera, yo os he ofrecido una forma diferente de pasar estos días en la ciudad. A lo mejor no es otra Semana Santa más y os dice algo.
A parte de esto, para los cristianos este tiempo es crucial, tiempo de rememoración, de actualización, de profundidad, de seguimiento, de abandono, de perdón, de reconciliación. En fin, que es un tiempo donde Jesús resucita en nosotros y nos abre a la VIDA.