La mezquita de Córdoba


Me ha llamado la atención un artículo que ha publicado el Obispo de Córdoba Mons. Fernández sobre la posibilidad del uso compartido de la Mezquita de Córdoba y sobre su denominación, pues él cree que sólo debe denominarse como Catedral.

Éste artículo publicado el 15 de abril de 2010, junto con una nueva carta, publicada el 11 de octubre de 2010 (aparece como primera noticia en ésta página) ha abierto una inesperada polémica sobre la denominación de dicho inmueble.

He de decir que la postura del obispo me parece muy poco conciliadora, dejando claro que el edificio es una catedral porque lleva 8 siglos siéndolo. Y niega categóricamente su uso compartido alegando futuribles de incompatibilidades entre creencias, tiempos y espacios.

Monseñor Demetrio Fernández tiene toda la razón en que el edificio tiene todas las de la ley para ser llamado Catedral, la más aplastante es que lo es realmente. Ahora, percibo en sus palabras cierto malestar con la comunidad islámica y sobre todo con una sociedad que le da más importancia a las apariencias que al contenido, y en la que la religión va perdiendo su peso.

Él habla de la señalética urbana y de llamar a las cosas por su nombre y pone la excusa de no confundir al visitante. Y por ahí yo no paso. Si a usted o a cualquiera nos preguntan sobre la Catedral de Córdoba, nos costaría Dios y ayuda identificarla con una imagen; de hecho si usted tiene previsto visitar turísticamente Córdoba, lo hará principalmente por su mezquita y visualizará rápidamente lo que quiere visitar.

El señor obispo tiene una visión totalmente eclesial, quizás sea la más auténtica, de su edificio; pero que no se le olvide el componente cultural que es tan fuerte en nuestros días. Y estoy hablando de turismo. Dudo mucho que valiera 8€ (a excepción de domingos) visitar “su catedral” si no hubiera sido mezquita anteriormente.

Lo que los turistas queremos ver,  es como en un edificio que primero fue basílica visigoda, luego ampliada con grandeza en varias oleadas bajo dominio musulmán y luego enriquecida en época católica, ha sido un ejemplo de convivencia artística. Donde cada religión ha sabido ver lo bueno de la otra, manteniendo lo que valía y ampliando lo que necesitaba.

(En la imagen podemos ver que lo que destaca en el centro de la mezquita es la catedral, construida entre 1523 y 1766, amoldada entre las arquerías polilobuladas. A pesar de la diferencia evidente, soy partidario de no dividir el edificio en mezquita y catedral; sino de verle en conjunto como un organismo vivo que crece y evoluciona).

Soy el primero que defiendo que al pan, pan y al vino, vino. Soy el primero que defiendo lo que considero mío, pues como cristiano quiero lo mejor para los míos. Pero creo que denominar a la mezquita de Córdoba (como así lo he estudiado), Catedral, es un acto de ostentación totalmente innecesaria, me parece un acto de poca elegancia política (aunque nadie le pida a un obispo que se meta en política, pero ¡estamos tan acostumbrados!).

Desde mi punto de vista, creo que el Sr. obispo se ha dejado llevar un poco por cierto resentimiento en contra de peticiones baladíes en búsqueda de un uso compartido del inmueble. Tiene todo el derecho del mundo a llamarlo catedral, pero para mí (que me guío por parámetros arquitectónicos) seguirá siendo la Mezquita de Córdoba. Llamadme conservador si queréis.

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Oda a Santiago de Compostela


Esta oda a tan bella y “vella” ciudad, no podrá reflejar nunca lo que que se puede vivir y sentir en ella, pero puede ser un buen aperitivo para quien la vaya a visitar. Podéis ver una presentación de fotos en la página de presentaciones.

Eres cuna de hombres insignes; pero sobre todo eres cuna del alma de Santiago, un humilde pescador de una tierra muy, muy lejana. Su espíritu, te ha impregnado a lo largo de los siglos, y te ha dado en gran parte lo que tienes, entre otros menesteres, tu nombre.

Aunque seas meta de tan insigne peregrinación, eres punto de partida. Punto de partida desde la conversión lenta y trabajada de quienes llegan hasta tí, conviertes a quien recorre tus ruas, prazas, ruelas y travesas. Eres germen de conversión hacia otros mundos y otros objetivos.

Por eso te das y te has dado año a año, siglo a siglo; persona tras persona, comunidad tras comunidad; de tal forma que en tí no hay arista posible. Eres una ciudad que se desgasta: tus pavimentos, tus esquinas, las columnas de tu catedral. Todas están desgastadas, roídas por una erosión humana.

Das a quien llega tu hospitalidad, ayudada por las amables y maleables gentes que te habitan; tienes la llave que abre el corazón de los hombres, y turiferas con tu agradable incienso a quien se quiera dejar purificar.

Además eres una ciudad silenciosa, por mucho que la gente quiera transformarte. Eres una ciudad espiritual, aunque quieran hacer de tí un puesto de mercaderes. Eres una ciudad de sabiduría, aunque se creen distracciones para quienes quieran saber.

Eres una ciudad de recovecos, momentos íntimos, de dejarse calar por las aguas, de escuchar el agua que corre por tus numerosas fuentes; una ciudad de lenguajes no verbales, de iconografías esculpidas, de verdores entre grises, de líquenes fortalecedores, de manjares reparadores y de caldos excelentes…

Santiago… eres mucho más que un abrazo y una Compostela.