Cónclave


Un lugar

Si hablo de la capilla de la Asunción en el Vaticano, probablemente pienses que es alguna capilla secundaria dentro del vasto complejo de los palacios vaticanos. Sin embargo, si te digo que dentro se suele colocar una estufa (actualmente dos), que se suele utilizar en los cónclaves y que en sus paredes y bóvedas están los frescos más importantes de la historia del arte, pues probablemente llegues a la conclusión de que me refiero a la Capilla Sixtina.

Popularmente conocida así debido al pontífice Sixto IV, que mandó construirla sobre una capilla anterior del trecento; la Sixtina, que simula las dimensiones bíblicas del Templo de Salomón (cuya onomástica hoy se celebra), refleja a mi modo de ver perfectamente la forma de ser de los italianos: es la conjugación perfecta entre la practicidad romana, con la austeridad medieval y una forma de interpretar la belleza que ningún país es capaz de igualar. Muros de tosco ladrillo que soportan frescos renacentistas. Antiestéticos contrafuertes que sostienen un pasillo sobre arcadas típicas medievales. Frescos pintados por las mejores manos de la historia del arte. Y la chimenea. ¿Qué decir de la espontánea y relevante chimenea? Más adelante hablaré de ella.

Cuando llegas allí, tienes la conciencia que entras en un lugar único, especial, privilegiado. Quizás los cientos de personas que te rodean, te impiden contemplar ese momento con la trascendencia que te gustaría; pero aún así, estar en la Sixtina es como estar dentro de la historia, dentro de un cuadro, dentro de la iglesia. Sientes que minúsculamente perteneces a la iglesia, eres parte de la historia y eres parte del arte. Quizás sea porque ver, respirar de aquella atmósfera es una prueba de fe: esto existe, y estoy dentro. Estos frescos, este ambiente existe y yo lo estoy viendo, palpando, respirando, no está solo en los libros, en las fotos, en la historia, yo lo estoy viendo, estoy dentro. Y lo que es mejor todavía; piensas: este espacio también está hecho para mí, también fue construído para mí, también fue pintado para mí, también está abierto para mí.

Affreschi Sistina Buonarrotti

Esto de que sea un espacio privilegiado, también lo piensa y siente la iglesia, concretamente en la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”, sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Romano Pontífice promulgada por Juan Pablo II:

(…) considerado el carácter sagrado del acto (del cónclave) y, por tanto, la conveniencia de que se desarrolle en un lugar apropiado, en el cual, por una parte, las celebraciones litúrgicas se puedan unir con las formalidades jurídicas y, por otra, se facilite a los electores la preparación de los ánimos para acoger las mociones interiores del Espíritu Santo, dispongo que la elección se continúe desarrollando en la Capilla Sixtina, donde todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante el cual cada uno deberá presentarse un día para ser juzgado.

Un acto

Me llama la atención lo del carácter sagrado del acto, creo que a la vista del hombre contemporáneo, este es un rasgo que cuesta entender. El cónclave no es sólo un proceso electoral, es más que eso. Es un acto religioso. Por eso se hace en una capilla, la Sixtina. Por eso se realiza una Misa Pro Eligendo Romano Pontífice antes del cónclve. Por eso tienen todos los cardenales en la mesa del cónclave la Liturgia de las Horas. Por eso antes y después de encerrarse “con-clave” tienen un momento de oración en la Capilla Paulina. Por eso la Casa Santa Marta, donde se hospedan los cardenales, tiene capilla propia.

Sin embargo, con el prisma del siglo XXI, hay cosas que chirrían en esta liturgia para elegir pontífice. Y es difícil explicar y comprender que este ritual que se ha heredado, enriquecido y adaptado con el paso de los siglos, sea necesario en su totalidad para elegir un nuevo sucesor de Pedro. Dicho de otra manera, ¿es necesaria tanta parafernalia, secretismo y ritual para elegir un nuevo Papa? ¿Son necesarios un vestido de unos 6.000€ por cardenal, unas medidas de seguridad apabullantes con inhibidores de frecuencia y un tubo medio oxidado de metal para dar a conocer las votaciones?

Seguramente no. Pero el peso de la garantía que da la historia y el poso de la seguridad que da la liturgia son don razones muy sólidas como para cambiarlas de la noche a la mañana. La iglesia es por tradición una institución lenta al cambio; pero ese ir un paso por detrás, le da una gran confianza para ser conciencia crítica del mundo. Si se me permite, es como la abuela a la que consultar y a la que siempre se escucha su opinión y consejo, porque la vida ha demostrado que su criterio es a la larga certero, aunque pueda ser considerado erróneo en ciertos asuntos. No quiero entrar a polemizar más sobre esta sabia abuela.

Entiendo que con la liturgia de la elección de nuevo pontífice romano, la iglesia sigue enseñando que elegir un nuevo Papa es mucho más que un proceso electoral humano, pues es necesario dejar abierto espacio al componente divino y en concreto al Espíritu Santo, en el que recae la responsabilidad de la elección. Me parecen interesantes unas palabras del ya Papa emérito Benedicto XVI antes de ser Papa, en 1997:

El papel del Espíritu Santo hay que entenderlo de un modo más flexible. No es que dicte el candidato por el que hay que votar. Probablemente, la única garantía que ofrece es que nosotros no arruinemos totalmente las cosas.

Una buena forma de vivir la fe: desde la libertad del criterio humano de los cardenales y desde la gracia que siempre se derrama.

Un símbolo

En estos días, la iglesia con el Espíritu está decidiendo su futuro a corto y medio plazo, está tomando una decisión grave, importante, que marcará el rumbo de la teología, la dogmática, la liturgia, la pastoral, etc, etc… Y frente a ese evento tan importante, y tan seguido por millones de personas: la espiritualidad de la chimenea.

Vivimos en un mundo veloz, que necesita respuestas inmediatas a situaciones urgentes, que es capaz de obtener cualquier información en la palma de la mano y en el momento, que requiere diferentes vías para contrastar las noticias.  Lo que escupe un tubo provisional de un color indeterminado es la respuesta de la iglesia al mundo. Blanco o negro. A ninguna hora concreta, pues el horario puede cambiar. No hay otra forma. No hay más. En plena sociedad de las redes sociales y las webs 2.0, la iglesia y el Espíritu hablan en humo. ¿Hay algo más intangible? ¿Hay algo más voluble? Para mí es una lección.

Gaviota sobre la chimenea de la Capilla Sixtina

Seguramente el cónclave podría ser retransmitido on-line en streaming, podríamos ver las diferentes tendencias en la iglesia, veríamos alguna discusión seguramente, veríamos cómo rezan, o cómo comen… ¿Pero es eso importante? ¿O lo importante es que se elija a un nuevo Papa?

Un futuro

Sin embargo, creo que la iglesia todavía tiene mucho camino por andar. ¿Dónde tiene cabida la mujer, que juega un papel tan importante en multitud de parroquias? ¿Dónde tienen voz los sin voz, los empobrecidos, los últimos, las prostitutas, los pecadores, los humildes? ¿Qué confianza debemos otorgar a estos “pro-hombres” nombrados cardenales que necesitan de complicados sistemas de telecomunicaciones -y pena de excomunión- para asegurar su silencio? ¿Dónde tiene cabida la juventud -y la madurez- en este grupo de sexagenarios, septuagenarios y octogenarios? ¿Cómo puede el mensaje revolucionario de Jesús no chirriar entre mármoles, oros y zapatos de becerro no nato?

Espero que la iglesia, santa y pecadora, como se dice siempre, siga respondiendo a la llamada de Dios, siga caminando (aunque algún paso por detrás, pero caminando), siga viva con sus tensiones entre progresistas y moderados, entre tradición y actualidad, entre liturgia y espontaneidad… Y siga con su espiritualidad de la chimenea.

La disputa por la pregonera


Al final voy a tener que escribir sobre esta presunta polémica. Al pan, pan y al vino, vino. Aquí el único problema es que hay muchas ganas. Muchas ganas de aprovechar la mínima para atacar. Hay un sector del periodismo, y de la sociedad, que le tiene ganas a la iglesia y muy en concreto a la jerarquía. Y si encima lo aderezamos con cuestiones políticas, pue tenemos un excelente microclima para que crezcan hongos.

A parte de esto, la realidad, o lo que se asemeja a ella es algo parecido a esto: el arzobispo Ricardo Blázquez ha mostrado cierta objección a la forma en que Soraya Sáenz de Santamaría ha sido la elegida para dar el Pregón de la Semana Santa. Y además se ha preguntado si es la persona idónea para dar ese pregón.

Sobre lo primero, pues decir que el proceso de elección parece que lleva siendo así desde hace algo así como 15 años, donde el alcalde de la ciudad elige (se supone que entre una terna) al candidato más apropiado; es lo que tiene la Semana Santa, al ser un evento turístico, social, cultural, patrimonial y religioso.

Y sobre lo segundo, que es donde los que tienen ganas han encontrado la carnaza donde incar el diente; que es el tema de la idoneidad de la vallisoletana Sáenz de Santamaría como pregonera de la Semana Santa. Parece que su estado civil es lo que ha desatado la polémica, (para algunos). Lo fácil, es decir que un obispo no quiere que una persona de un pregón por su estado civil. A lo que se añade la circunstancia que tal pregón se da en la sede catedralicia ante el arzobispo.

Ante esto, yo estoy de acuerdo con mi obispo. Me cuestiono si esta forma de elegir el pregonero, es la ideal; y me cuestiono si lo que transmite con su persona Soraya Sáenz de Santamaría es lo que quiere transmitir Valladolid y su Semana Santa. Doy por sentado que se la ha elegido por su capacidad, su currículum y por el “tirón” mediático – también necesario- que necesita un evento de este calado. De lo que estoy seguro es que habría otras personas que podrían pregonar mucho mejor un testimonio personal de lo que significa la Pascua, que creo que en el fondo es lo que dice D. Ricardo.

Permíteme rizar el rizo, por si esto fuera poco, hay otros políticos que intentan sacar réditos basados en falacias; y hablo de Carmen (o Carme, depende de la región) Chacón: “Ni comparto ni comprendo el ataque del arzobispo de Valladolid contra la vicepresidenta”. Parece que la que no comprende es ella, que de ataque nada.

Y enlazo esta polémica falsa con algo que no viene muy a cuento y que lo lanzo como reflexión: ¿Por qué en las recientes series pseudo-históricas el papel que ejerce el obispo/cardenal es el del malo malísimo?.

Recomiendo leer el enlace de Religión Digital para tener una visión más actual de la presunta polémica.

El Papa y las dos Españas


Este fin de semana, hemos recibido la visita del Papa a España. Es la segunda de Benedicto XVI y en teoría no será la última. Cuando hay acontecimientos importantes, suelo leer las ediciones digitales de los periódicos de tirada nacional. Es un ejercicio recomendable.

Y parece que vivo en dos países diferentes metidos en la misma piel de toro. La creyente y la agnóstica, la cristiana y la atea, los de izquierdas y los de derechas, los nacionalistas y los nacionales, los regionalistas y los españolistas, los progres y los carcas, los homosexuales y los heterosexuales, los beatones y los modernos, la jerarquía y la iglesia de base… He visto éstas dos Españas en las imágenes que nos ha ofrecido la TVE estos dos días.

Ha habido de todo y para todos. Al igual que en las elecciones (donde nunca nadie sale perdedor), todo el mundo ha acudido a este acontecimiento para sacar las conclusiones que mejor le convienen a sus intereses. Analicen ustedes mismos el hecho desde las perspectivas de los colectivos nombrados anteriormente. Desde una cruzada contra Zapatero, hasta un diálogo entre todas las sensibilidades; desde afluencias masivas, a frialdad en el ambiente de la calle; desde una crítica al laicismo, a un análisis certero de la realidad…

Curioso y alarmante es el caso de Zapatero, capaz de ir a rezar con Obama o a Turquía y sin embargo incapaz de convivir dos días con el Papa. Entiendo que para alguien no creyente, ir a una misa no te diga nada, pero de ahí a ¡irte a Afganistán!, pues creo que hay un punto intermedio. Este fin de semana ha servido para demostrar que es Zapatero quien tiene un problema de convivencia con la jerarquía de la iglesia y no viceversa (al menos por ahora).

Vuelvo al evento. He visto múltiples Españas. Y lo que no entiendo es que se nos quiera vender que esas múltiples Españas: diferentes sensibilidades, creencias, vivencias, sexualidades, posicionamientos políticos… tengan que ser inmiscibles como el agua y el aceite (por cierto, en exceso vertido sobre el altar de la Sagrada Familia). ¡Qué difícil debe ser defender lo tuyo pero dejando al contrario espacio para defenderse!

Por cierto, maravillosa obra la Sagrada Familia, templo pintado con la luz de colores infinitos que son reflejo de la luz de Dios; con pilares inclinados, como lo es la fe de los hombres; con bóvedas de comprensión imposible, como resulta a los creyentes cuando intentamos comprender lo que está por encima nuestro; con pilares firmes, como lo son los santos y los apóstoles; con las portadas del nacimiento y de la pasión, para entrar acomprender el misterio de la fe; con torres (8 de 18) que intentar tocar lo trascendente; con la belleza como lenguaje para llegar a lo más profundo; y así un sinfín de metáforas de lo que simbolizan sus formas únicas.

 

La mezquita de Córdoba


Me ha llamado la atención un artículo que ha publicado el Obispo de Córdoba Mons. Fernández sobre la posibilidad del uso compartido de la Mezquita de Córdoba y sobre su denominación, pues él cree que sólo debe denominarse como Catedral.

Éste artículo publicado el 15 de abril de 2010, junto con una nueva carta, publicada el 11 de octubre de 2010 (aparece como primera noticia en ésta página) ha abierto una inesperada polémica sobre la denominación de dicho inmueble.

He de decir que la postura del obispo me parece muy poco conciliadora, dejando claro que el edificio es una catedral porque lleva 8 siglos siéndolo. Y niega categóricamente su uso compartido alegando futuribles de incompatibilidades entre creencias, tiempos y espacios.

Monseñor Demetrio Fernández tiene toda la razón en que el edificio tiene todas las de la ley para ser llamado Catedral, la más aplastante es que lo es realmente. Ahora, percibo en sus palabras cierto malestar con la comunidad islámica y sobre todo con una sociedad que le da más importancia a las apariencias que al contenido, y en la que la religión va perdiendo su peso.

Él habla de la señalética urbana y de llamar a las cosas por su nombre y pone la excusa de no confundir al visitante. Y por ahí yo no paso. Si a usted o a cualquiera nos preguntan sobre la Catedral de Córdoba, nos costaría Dios y ayuda identificarla con una imagen; de hecho si usted tiene previsto visitar turísticamente Córdoba, lo hará principalmente por su mezquita y visualizará rápidamente lo que quiere visitar.

El señor obispo tiene una visión totalmente eclesial, quizás sea la más auténtica, de su edificio; pero que no se le olvide el componente cultural que es tan fuerte en nuestros días. Y estoy hablando de turismo. Dudo mucho que valiera 8€ (a excepción de domingos) visitar “su catedral” si no hubiera sido mezquita anteriormente.

Lo que los turistas queremos ver,  es como en un edificio que primero fue basílica visigoda, luego ampliada con grandeza en varias oleadas bajo dominio musulmán y luego enriquecida en época católica, ha sido un ejemplo de convivencia artística. Donde cada religión ha sabido ver lo bueno de la otra, manteniendo lo que valía y ampliando lo que necesitaba.

(En la imagen podemos ver que lo que destaca en el centro de la mezquita es la catedral, construida entre 1523 y 1766, amoldada entre las arquerías polilobuladas. A pesar de la diferencia evidente, soy partidario de no dividir el edificio en mezquita y catedral; sino de verle en conjunto como un organismo vivo que crece y evoluciona).

Soy el primero que defiendo que al pan, pan y al vino, vino. Soy el primero que defiendo lo que considero mío, pues como cristiano quiero lo mejor para los míos. Pero creo que denominar a la mezquita de Córdoba (como así lo he estudiado), Catedral, es un acto de ostentación totalmente innecesaria, me parece un acto de poca elegancia política (aunque nadie le pida a un obispo que se meta en política, pero ¡estamos tan acostumbrados!).

Desde mi punto de vista, creo que el Sr. obispo se ha dejado llevar un poco por cierto resentimiento en contra de peticiones baladíes en búsqueda de un uso compartido del inmueble. Tiene todo el derecho del mundo a llamarlo catedral, pero para mí (que me guío por parámetros arquitectónicos) seguirá siendo la Mezquita de Córdoba. Llamadme conservador si queréis.

Ave Caesar, morituri te salutant


Antes de empezar quiero explicar que el título, que pudiera ser ofensivo; está puesto en clave de sarcasmo por cómo los medios y diferentes partidos e ideologías han manejado y utilizado un caso particular, el de Eluana, para arrimar el ascua a su sardina. Quizás sería más correcto poner “los que quieren morir hablan”. Yo quiero hablar aquí no sólo de la señora Englaro, sino hacer una reflexión general sobre la eutanasia (del griego “buena muerte”).

He de confesar que me reconozco como un desconocedor (valga la redundancia) de la eutanasia y de la postura oficial argumentada de la Iglesia, aunque sí me he informado sobre sus declaraciones al respecto en los últimos días. En el caso concreto de Eluana Englaro, desconozco cómo era la vida que llevaba, pues la información cambia mucho según el medio en el que se lea, (malditos partidos e ideologías, en este caso). Para unos hasta sonreía y para otros hasta tenía llagas y sólo podía ponerse en una postura.

Además, creo que es un tema muy complejo. Afecta a muchos campos, a la moral, a la religión, a la política, a la sociedad, a la medicina, al derecho, incluso a la economía y todo ello englobado en la bioética. Y sin embargo, como seres humanos que vivimos ahora, en nuestro tiempo, tenemos la obligación de dar una solución a un determinado y eterno problema, en este caso con nombres y apellidos y en un lugar concreto: Italia ¿no había otro país?.

Yo, ciudadanito de a pie, creyente, todo esto me supera, pero también voy a dar mi opinión, me apetece. Me apetece compartir lo que yo creo al respecto.

Es una obligación y también un deber parlamentar y dialogar sobre este tema, y nunca despotricar y aferrarse como si sólo hubiese un punto de vista al problema. Probablente (otra vez esta palabra) todas las posturas al problema tengan sus aspectos positivos y negativos y seguramente no haya un único camino. Elijamos entre todos el menos malo, el camino que para cada persona sea el mejor.

Exactamente no sé cual es la finalidad de la medicina: si es evitar la muerte o que la persona tenga la mayor calidad de vida posible. A mí, y a mi familia nos han sanado, pero no sé cuales son los fines últimos de su profesión. Si hay algún médico que me quiera responder al respecto, escucharé con atención.

Por otro lado, me pregunto como aquél viejo anuncio ¿Y Dios que opinará de esto? En teoría, y por lo que he leído,  la postura la de la Iglesia es “la vida es un bien no disponible”, en palabras textuales del Papa y además se remite a las curaciones que hizo Jesús. Y lo que yo interpreto es: ¿hay que esperar a que Dios haga un milagro por esta chica? ¿por qué ella? ¿y va a salvar Dios a todos los enfermos en estado vegetal? ¿sería justo ésto?

En otra cara de este poliedro, me pregunto ¿No tiene suficiente libertad el hombre como para decidir sobre su propia vida? ¿El hombre -o persona- en el que cree la jerarquía eclesiástica es alguien contrapuesto a Dios? ¿No es verdad que Dios habita en nosotros? ¿No es verdad que nos creó a su imagen y semejanza? ¿No es verdad que nos creó libres? ¿En qué hombre creen?

Lo que quiero decir con otras palabras es que la persona es algo tan complejo es una mezcla de razón y corazón, de creencias y razonamientos, de salud y de enfermedad, de vida y de muerte… Y todo eso, lo ha creado Dios, libre, tan complejo y tan natural a la vez. Y considero que las personas también somos Dios (no tomen a la ligera esta afirmación) y que tenemos capacidad de decidir sobre la vida y la muerte. A lo largo de la historia hemos acertado y nos equivocado muchísimas veces. Y ha habido etapas de muchos aciertos y etapas de error tras error. Y estamos aquí tras siglos y milenios de existencia, y nos seguimos preguntando sobre la vida y la muerte y reflexionamos sobre ¿qué pensará Dios sobre ello?

Y lo más bonito es que toda esa historia humana, es también una historia divina. Dios ha estado en cada paso, en cada acierto y en cada error. La metáfora que se me ocurre para esta situación es como cuando un niño pequeño que quiere coger algo y antes de enfrentarse al problema le mira a su papá (abbá) para que se lo solucione -como queriendo decir “mira a ver si haces algo”- , en vez de buscar la manera de cogerlo. Y su padre, le mirará y dejará que se caiga y que a lo mejor se golpee y se vuelva a levantar para conseguir lo que quiere. Señores de blanco y púrpura, seamos adultos, asumamos nuestro poder (el de gestionar y vivir nuestras vidas) eso sí con responsabilidad; nos equivocaremos seguro, pero juntos, y siempre juntos, encontraremos la solución menos mala. Como dije antes, lo hemos muchas veces mal, pero hasta aquí hemos llegado y diría yo que ¡qué bien estamos!.

Que quede claro que creo en los milagros, pero no en milagros programados y a la voluntad del hombre; sólo Dios sabe cómo, cuándo y porqué. Dios es amo y señor. Todos los esfuerzos por racionalizar y explicar los milagros de Dios les considero inútiles. Es imposible comprender el “modus operandi” de Dios. No sé si la jerarquía de la Iglesia pretendía un milagro de Dios, o si esperaba a que esa persona muriese de vejez, lo desconozco.

El dolor es algo inherente a la condición humana, desde el Vaticano se afirma que hemos de asimilarlo, que no hemos aprendido a vivir con él. Y en parte tienen razón. Ahora bien, ¿es humano (y mucho más, cristiano) el dolor por y para alargar una vida ad infinitum? Quizás, nos hayamos convertido en un mundo super-práctico, donde hay que conservar lo que vale y deshechar lo que no vale, incluso con las vidas humanas. Últimamente me pregunto, si no nos estaremos aferrando tanto a la razón y a la ciencia, como para no dejar paso al milagro. ¿Creemos tanto en qué esa vida no sirve, no vale, “no es vida”? ¿Lo tenemos tan claro? Y seguramente, al 99,999999% la vida de Eluana era irreversible. Ahora bien, ¿su vida era digna? ¿para quién? ¿qué entendemos por digna? Abro el debate.

Podríamos debatir sobre el conservar la vida a ultranza, quizás por miedo a la muerte o a matar, podríamos hablar si a Eluana la han matado o ya estaba muerta. Por cierto, ¿por qué se habla del derecho a una vida digna, cuando se debería decir el derecho a una muerte digna? Si es que las muertes son dignas, claro.

Resumiendo. Doy un sí rotundo y en mayúsculas a la vida. Y a la vida entendida no sólo en cuanto a lo físico, no sólo encerrada en el cuerpo. Seguramente haya muchos casos de personas encarceladas en su cuerpo y sin embargo libres en su alma.

Doy un no a un prolongamiento de la vida del cuerpo humano (distanasia) sin sentido, cuyo único fin es la negación de la muerte a toda costa.

Que Dios nos ayude a comprender nuestra naturaleza humana y divina.

P.D.: Animo a escribir sobre el tema. A mí, me plantea muchas dudas y según iba escribiendo, me iban surgiendo más en mi cabeza. Creía tener ideas claras al principio y al final he navegado en un mar de dudas, pero sin dudas no se crece. Gracias a ‘El Hierro y el Azúcar‘ por abrir brecha y plantear este debate.

Probablemente…


Carta a los responsables de la campaña “pro-ateísmo”.

Estimados señores ateos:

Me ha llamado la atención su campaña copiada literalmente de Londres, cuyo slogan traducido al español es “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.

Al igual que ustedes se están expresando libremente, yo lo haré así también, intentando transmitir lo que siento y creo, aunque expresarlo con palabras sea muy difícil.

Como punto de partida, me preocupa una cosa; bueno, más que preocuparme, me remueve las entrañas el grado de insatisfacción, angustia, quemazón que han tenido que sufrir ustedes para haber llegado a este punto. Me refiero a qué angustia vital han debido de vivir: a contra-corriente, en contra de la mayoría, en contra de dogmas, en contra de la Iglesia. ¿Cómo se debe vivir estando convencido (aunque manifiesten que probablemente Dios no exista) de la ausencia de Dios cuando su mundo, y me refiero a la España de los años 40-60, está totalmente mediatizado por la Iglesia? Por que creo que sus convicciones no son fruto de estos tiempos, sino de tiempos de dictadura y opresión. O al menos quiero creer en eso.

Desconozco la situación y la historia personal de ustedes, pero sólo puedo entender la campaña desde el resentimiento que hayan podido sufrir. Y veo mucho resentimiento en esta campaña. Veamos:

Empecemos por el final: “disfruta la vida”. Lo primero que pienso es ¿ser creyente quiere decir no disfrutar de la vida? Por supuesto que no. Parece ser que los cristianos somos unos seres que vamos con el flagelo en el bolsillo, o que estamos todo el día dándonos golpes en el pecho entonando el “mea culpa”. O también que estamos encarcelados en conventos y monasterios o que orar no es disfrutar de la vida.

Pues les digo que habrá de todo “en la viña del Señor”, pero mi opinión personal es que cada uno está llamado a buscar su felicidad: unos son felices en un monasterio de clausura rezando (incluso también por ustedes, que no creen en Dios); otros encuentran la felicidad siendo uno más con los que poco tienen, con los necesitan un poco (o un mucho) de ayuda; otros son felices siendo pastores, sacerdotes, dedicando su vida a la gente que Dios pone en su camino; otros son felices siendo maestros, educadores, enseñando desde el respeto a toda creencia… Hay quien encuentra su felicidad siendo militar y para otros ser militar significa disciplina, recias normas, guerra, etc. ¿Quién es quién para opinar sobre la felicidad del otro? O como ustedes dicen ¿para opinar sobre el disfrute de la vida ajena?

La frase “deja de preocuparte” no sé por dónde cogerla. No sé si es una simple llamada al hedonismo; hecho que refuerzan con la afirmación “disfruta la vida” y es algo con lo que estoy en contra.

No sé si se refiere a “no te preocupes de los demás y ni de nada, preocúpate sólo de tí mismo”. A lo que también estoy en contra.

O si es más bien “olvídate de dogmas, normas y obligaciones, lo que tú creas es lo que vale”. Aquí ya, hay que matizar. Sobre la ausencia de normas, no tengo nada que decir ¿qué sería de nuestra sociedad sin normas, sin deberes? ¿Son ustedes anarquistas?. Ahora bien, aquí ya estamos hablando de libertad (en el fondo toda la campaña está basada en la libertad de creencia). Efectivamente cada uno es dueño y señor de lo que cree, ¡faltaría más! Lo que pasa es que si tu eres cristiano, lo eres libremente y eso conlleva a aceptar y consolidar unas creencias, forjadas en la experiencia de Dios de mucha gente y desde mucho tiempo atrás. Salvando las enormes distancias, y que todo el mundo entienda por dónde voy: es como si uno eligiera formar parte de la comisión de festejos de un pueblo, eso le compromete a una serie de compromisos, (valga la rubundancia). Pero esos compromisos, han sido elegidos voluntariamente, nadie le ha obligado a “apuntarse”. Y esos compromisos son vistos como algo necesario. No sé si me entienden por dónde quiero ir.

Vayamos por último a su estandarte: “Probablemente Dios no exista”. Estoy completamente de acuerdo con ustedes; al igual que estoy con el que el que afirme “Probablemente Dios exista”.

Miren ustedes, les agradezco su forma de enfocar la campaña. Siendo ateos, podrían haber dicho “Dios no existe”, como así creen ustedes. Pero han preferido ser algo más astutos (ganando así mayor clientela) y también han sido más respetuosos, y en este sentido les aplaudo.

No voy a entrar aquí a defender o desmentir si Dios existe o no. Igual de razón tengo yo al afirmar que sí; que ustedes, que dicen que no. Ni el mismísimo San Agustín les podría llevar la contraria. Lo bueno (o malo) que tiene la fe, o al menos así lo entiendo yo, es que se basa en gran medida en experiencias personales, en “fiarse”, y ese “fiarse” es algo personal. Algo tan difícil como explicar el amor entre dos personas.

Para explicarme mejor, y nunca para intentar convencerles, les hago la siguiente pregunta: si va usted caminando ¿quién le asegura que el suelo no se hundirá al siguiente paso? Me dirá usted que es probablemente imposible que esto suceda, y me dirá que ha dado 100, 500, 2.000 pasos antes y que esto no ha sucedido. Si va más allá, me pasará un informe geológico, geográfico y edafológico y me documentará que nunca se ha producido ningún tipo de derrumbamiento ese tipo de suelo. Y me podrá dar mil razones más, y sin embargo, sus conclusiones nunca darán por descartado que el suelo se hunda al siguiente paso, porque su estudio está basado en experiencias, en una lógica aplicada y basada en experiencias.

Bueno, pues creer en Dios supone partir de analizar experiencias a la luz de la fe y del evangelio; y por mucho que le diga yo a usted, nunca le podré afirmar categóricamente que Dios existe. Usted dice que “Probablemente Dios no exista”, yo le digo “o sí”.

Para terminar, he de decir que no tengo nada en contra de ustedes como creo haber demostrado hasta ahora, ni por ser ateos, ni por ser librepensadores (espero que algún día me aclaren qué es eso).

Incluso voy más allá, si ustedes están comprometidos con su causa, imagino que prestarán ayuda y acompañarán personalmente a las personas que se adhieran a su causa. Dicho de otra manera, ayudarán personalmente a ser felices, o como dice su slogan “a disfrutar de la vida”, a cada uno de los que quieran acompañarles en su fin. Si es así, he de decirles que actuarán como buenos cristianos, cosa que me congratula. ¿Qué hay más gozoso que ayudar al prójimo a encontrar su felicidad? Aunque sea para apartarle de Dios, (o de lo que ustedes creen que es Dios), fíjense.

Déjenme que también yo desde mi libertad les haga las siguientes preguntas:

¿Verdad que su campaña no está dirigida contra nada ni contra nadie? ¿Verdad que su campaña no quiere ofender a nadie? ¿Verdad que en su campaña no hay otros “probablemente” encubiertos?. Déjenme que desde mi libertad piense mal, a lo mejor acierto:

“Probablemente la Iglesia sea una institución anticuada. Apostate y sea feliz”.

“Probablemente yo que soy ateo soy más feliz que usted que pierde su tiempo en ir a la iglesia”

“Probablemente soy más coherente que usted. Creo en lo que quiero. No creo en lo que me imponen”

“Probablemente vivo la vida más feliz que usted. Dios está lejos de mis placeres. No sabe usted lo que se pierde”

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El tiempo, o Dios ponen a cada uno en su sitio. Quizás la felicidad sea el único baremo que tenemos a mano para medir el futuro de las cosas. Ojalá el movimiento ateo tenga buena ventura con tal de conseguir la felicidad de sus simpatizantes y que no sea una moda pasajera. De momento le aseguro que el cristianismo no lo es, que tiene una dilatada historia con muchos aciertos y con enormes errores.

Que Dios les acompañe.

Crucifijos liberadores


Antes de empezar, quiero que quede clara una cosa, este tema toca muchos otros temas transversales: religión, cultura, represión, libertad, fe, saber estar, moral, civismo… Por lo tanto, me es totalmente imposible abordar todo esto en un artículo, así que se me pasarán un montón de cosas por comentar.

Crucifijo en la claseMe alegro, me alegro mucho, de que la gente empiece a pensar por sí misma en lo que cree y en lo que no, y por qué cree, y en qué cree. La pena es que se tenga que haber llegado a las escenas de tensión que se han visto en los medios de comunicación en el Colegio Macías Picavea. (Si Don Ricardo viese ésto, le gustaría).

Creo que lo más importante de esta polémica no es que un trozo de madera, escayola o silicona cuelgue de una pared, sino todo lo que significa. No sólo lo que simboliza el crucifijo para los cristianos, sino lo que significa para los que no lo son. Es esto último lo que me induce a pensar. ¿Qué pasa para que los no cristianos (los gentiles, en términos bíblicos) no quieran ver un crucifijo en las clases?

Las razones que se dan para proceder a la retirada de los crucifijos son: que España es un Estado aconfesional y porque su presencia ofende. Vayamos por partes:

1. El que estemos en un estado aconfesional quiere decir según el Art. 16 de nuestra Constitución que:

“1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

No me meteré aquí como jurista de pacotilla, pero como se leer y pensar algo, concluyo que el Estado, estará al margen de las religiones, no se dejará influir por ellas; ahora bien, tendrá en cuenta las creencias de la gente. No quiere decir esto, que el Estado vaya en contra de las religiones, o que haga caso omiso de lo que la gente crea y actuar independientemente de las creencias populares, eso sería un Estado laico. Y en España eso no es así.

2. Sobre si la presencia del crucifijo ofende. En esto yo no puedo hacer nada. No me puedo poner bajo la piel del otro y sentir lo que el otro siente. Sí que lo puedo comprender, y entiendo que haya mucha gente que se sienta dolida y ofendida por las actitudes que en concreto la Iglesia ha tenido en el pasado. Lo comprendo. Comprendo que un padre no quiera que su hijo vea todos los días un crucifijo. Creo que tampoco es la forma correcta de superar una supuesta fase dolorosa de tu vida; creo que hay mucho “resquemor” y mucho odio mal enfocado detrás de esto, pero lo entiendo.

3. Una tercera causa podría ser el “porque hayan estado ahí desde siempre, no tienen porque seguir estando”. Razón, para mí justificada. Es bueno revisar de vez en cuando costumbres, leyes, normas. Ahora bien, ¿porqué se produce ahora esa reflexión?. Dejo ahí la pregunta.

Opinión personal: me parece un ejercicio sano el preguntarse el porqué de las cosas, el revisarlas. Si el crucifijo ofende, quitémosle. Si el crucifijo no representa nada para la mayoría, pensemos en quitarle. El que quiera una educación cristiana (con su crucifijo en la clase) para su hijo, que le lleve a un colegio donde les haya. Ahora bien, no nos pasemos de listillos, de modernos y de progres cuando la sociedad (la mayoría) no lo es todavía. Y recalco el todavía, porque creo que este debate como otros muchos se tienen que producir. La pregunta es ¿es la sociedad lo suficientemente madura y tolerante para afrontarlo y decidir?. Yo creo que no. Y lo explico de la siguiente manera:

Si el Consejo Escolar del colegio hubiera decidido quitar los crucifijos (aun con discrepancias dentro de él), no habría pasado nada. La vida seguiría su cauce, nos parecería de lo más normal; de hecho ni nos hubiéramos enterado, como ha ocurrido on otros miles de colegios. No habría habido sentencias, ni declaraciones incendiarias (principalmente dentro del seno de la Iglesia), ni agresiones verbales, ni maltrato, ni vejaciones, como las que está sufriendo el impulsor del proceso judicial. Sin embargo, los demandantes no acatan la decisión del Consejo Escolar y prosiguen con todo el proceso durante 3 años, hasta que les dan la razón. ¿Cómo se sienten ahora los padres que querían el crucifijo en las clases? El hecho de haber recurrido es el mayor hecho de intolerancia. Aunque tengan razón, ¿no han sido ellos más intolerantes por haber privado a los otros padres de un derecho que ya tenían? ¿No es acaso una incoherencia ser intolerante reclamando tolerancia?

Como cristiano, creo que esto es una buena noticia. No sé si es que lo veo demasiado optimista o es que es así. Me explico. Ya va siendo hora de que la gente nos mojemos, de que decidamos cada uno en lo que creemos, en qué Iglesia creemos. ¿Cómo queremos que sea nuestra Iglesia?. Si creemos en una Iglesia omnipresente, casi como si fuera la religión oficial del Estado (cosa que sería anticonstitucional), alimentadora y alimentada sólo por la presencia ritual, aborregadora y aborregada, dejándose llevar como átomos de mar en la marea, dogmática, legisladora y legislada por normas y preceptos… O si creemos en una Iglesia pequeña, trabajadora, que evangeliza con obras, sabiduría, testimonios, que cree en la libertad de la persona y que actúa en el corazón de cada creyente… Ahí os dejo el debate.