Cónclave


Un lugar

Si hablo de la capilla de la Asunción en el Vaticano, probablemente pienses que es alguna capilla secundaria dentro del vasto complejo de los palacios vaticanos. Sin embargo, si te digo que dentro se suele colocar una estufa (actualmente dos), que se suele utilizar en los cónclaves y que en sus paredes y bóvedas están los frescos más importantes de la historia del arte, pues probablemente llegues a la conclusión de que me refiero a la Capilla Sixtina.

Popularmente conocida así debido al pontífice Sixto IV, que mandó construirla sobre una capilla anterior del trecento; la Sixtina, que simula las dimensiones bíblicas del Templo de Salomón (cuya onomástica hoy se celebra), refleja a mi modo de ver perfectamente la forma de ser de los italianos: es la conjugación perfecta entre la practicidad romana, con la austeridad medieval y una forma de interpretar la belleza que ningún país es capaz de igualar. Muros de tosco ladrillo que soportan frescos renacentistas. Antiestéticos contrafuertes que sostienen un pasillo sobre arcadas típicas medievales. Frescos pintados por las mejores manos de la historia del arte. Y la chimenea. ¿Qué decir de la espontánea y relevante chimenea? Más adelante hablaré de ella.

Cuando llegas allí, tienes la conciencia que entras en un lugar único, especial, privilegiado. Quizás los cientos de personas que te rodean, te impiden contemplar ese momento con la trascendencia que te gustaría; pero aún así, estar en la Sixtina es como estar dentro de la historia, dentro de un cuadro, dentro de la iglesia. Sientes que minúsculamente perteneces a la iglesia, eres parte de la historia y eres parte del arte. Quizás sea porque ver, respirar de aquella atmósfera es una prueba de fe: esto existe, y estoy dentro. Estos frescos, este ambiente existe y yo lo estoy viendo, palpando, respirando, no está solo en los libros, en las fotos, en la historia, yo lo estoy viendo, estoy dentro. Y lo que es mejor todavía; piensas: este espacio también está hecho para mí, también fue construído para mí, también fue pintado para mí, también está abierto para mí.

Affreschi Sistina Buonarrotti

Esto de que sea un espacio privilegiado, también lo piensa y siente la iglesia, concretamente en la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”, sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Romano Pontífice promulgada por Juan Pablo II:

(…) considerado el carácter sagrado del acto (del cónclave) y, por tanto, la conveniencia de que se desarrolle en un lugar apropiado, en el cual, por una parte, las celebraciones litúrgicas se puedan unir con las formalidades jurídicas y, por otra, se facilite a los electores la preparación de los ánimos para acoger las mociones interiores del Espíritu Santo, dispongo que la elección se continúe desarrollando en la Capilla Sixtina, donde todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante el cual cada uno deberá presentarse un día para ser juzgado.

Un acto

Me llama la atención lo del carácter sagrado del acto, creo que a la vista del hombre contemporáneo, este es un rasgo que cuesta entender. El cónclave no es sólo un proceso electoral, es más que eso. Es un acto religioso. Por eso se hace en una capilla, la Sixtina. Por eso se realiza una Misa Pro Eligendo Romano Pontífice antes del cónclve. Por eso tienen todos los cardenales en la mesa del cónclave la Liturgia de las Horas. Por eso antes y después de encerrarse “con-clave” tienen un momento de oración en la Capilla Paulina. Por eso la Casa Santa Marta, donde se hospedan los cardenales, tiene capilla propia.

Sin embargo, con el prisma del siglo XXI, hay cosas que chirrían en esta liturgia para elegir pontífice. Y es difícil explicar y comprender que este ritual que se ha heredado, enriquecido y adaptado con el paso de los siglos, sea necesario en su totalidad para elegir un nuevo sucesor de Pedro. Dicho de otra manera, ¿es necesaria tanta parafernalia, secretismo y ritual para elegir un nuevo Papa? ¿Son necesarios un vestido de unos 6.000€ por cardenal, unas medidas de seguridad apabullantes con inhibidores de frecuencia y un tubo medio oxidado de metal para dar a conocer las votaciones?

Seguramente no. Pero el peso de la garantía que da la historia y el poso de la seguridad que da la liturgia son don razones muy sólidas como para cambiarlas de la noche a la mañana. La iglesia es por tradición una institución lenta al cambio; pero ese ir un paso por detrás, le da una gran confianza para ser conciencia crítica del mundo. Si se me permite, es como la abuela a la que consultar y a la que siempre se escucha su opinión y consejo, porque la vida ha demostrado que su criterio es a la larga certero, aunque pueda ser considerado erróneo en ciertos asuntos. No quiero entrar a polemizar más sobre esta sabia abuela.

Entiendo que con la liturgia de la elección de nuevo pontífice romano, la iglesia sigue enseñando que elegir un nuevo Papa es mucho más que un proceso electoral humano, pues es necesario dejar abierto espacio al componente divino y en concreto al Espíritu Santo, en el que recae la responsabilidad de la elección. Me parecen interesantes unas palabras del ya Papa emérito Benedicto XVI antes de ser Papa, en 1997:

El papel del Espíritu Santo hay que entenderlo de un modo más flexible. No es que dicte el candidato por el que hay que votar. Probablemente, la única garantía que ofrece es que nosotros no arruinemos totalmente las cosas.

Una buena forma de vivir la fe: desde la libertad del criterio humano de los cardenales y desde la gracia que siempre se derrama.

Un símbolo

En estos días, la iglesia con el Espíritu está decidiendo su futuro a corto y medio plazo, está tomando una decisión grave, importante, que marcará el rumbo de la teología, la dogmática, la liturgia, la pastoral, etc, etc… Y frente a ese evento tan importante, y tan seguido por millones de personas: la espiritualidad de la chimenea.

Vivimos en un mundo veloz, que necesita respuestas inmediatas a situaciones urgentes, que es capaz de obtener cualquier información en la palma de la mano y en el momento, que requiere diferentes vías para contrastar las noticias.  Lo que escupe un tubo provisional de un color indeterminado es la respuesta de la iglesia al mundo. Blanco o negro. A ninguna hora concreta, pues el horario puede cambiar. No hay otra forma. No hay más. En plena sociedad de las redes sociales y las webs 2.0, la iglesia y el Espíritu hablan en humo. ¿Hay algo más intangible? ¿Hay algo más voluble? Para mí es una lección.

Gaviota sobre la chimenea de la Capilla Sixtina

Seguramente el cónclave podría ser retransmitido on-line en streaming, podríamos ver las diferentes tendencias en la iglesia, veríamos alguna discusión seguramente, veríamos cómo rezan, o cómo comen… ¿Pero es eso importante? ¿O lo importante es que se elija a un nuevo Papa?

Un futuro

Sin embargo, creo que la iglesia todavía tiene mucho camino por andar. ¿Dónde tiene cabida la mujer, que juega un papel tan importante en multitud de parroquias? ¿Dónde tienen voz los sin voz, los empobrecidos, los últimos, las prostitutas, los pecadores, los humildes? ¿Qué confianza debemos otorgar a estos “pro-hombres” nombrados cardenales que necesitan de complicados sistemas de telecomunicaciones -y pena de excomunión- para asegurar su silencio? ¿Dónde tiene cabida la juventud -y la madurez- en este grupo de sexagenarios, septuagenarios y octogenarios? ¿Cómo puede el mensaje revolucionario de Jesús no chirriar entre mármoles, oros y zapatos de becerro no nato?

Espero que la iglesia, santa y pecadora, como se dice siempre, siga respondiendo a la llamada de Dios, siga caminando (aunque algún paso por detrás, pero caminando), siga viva con sus tensiones entre progresistas y moderados, entre tradición y actualidad, entre liturgia y espontaneidad… Y siga con su espiritualidad de la chimenea.

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La mezquita de Córdoba


Me ha llamado la atención un artículo que ha publicado el Obispo de Córdoba Mons. Fernández sobre la posibilidad del uso compartido de la Mezquita de Córdoba y sobre su denominación, pues él cree que sólo debe denominarse como Catedral.

Éste artículo publicado el 15 de abril de 2010, junto con una nueva carta, publicada el 11 de octubre de 2010 (aparece como primera noticia en ésta página) ha abierto una inesperada polémica sobre la denominación de dicho inmueble.

He de decir que la postura del obispo me parece muy poco conciliadora, dejando claro que el edificio es una catedral porque lleva 8 siglos siéndolo. Y niega categóricamente su uso compartido alegando futuribles de incompatibilidades entre creencias, tiempos y espacios.

Monseñor Demetrio Fernández tiene toda la razón en que el edificio tiene todas las de la ley para ser llamado Catedral, la más aplastante es que lo es realmente. Ahora, percibo en sus palabras cierto malestar con la comunidad islámica y sobre todo con una sociedad que le da más importancia a las apariencias que al contenido, y en la que la religión va perdiendo su peso.

Él habla de la señalética urbana y de llamar a las cosas por su nombre y pone la excusa de no confundir al visitante. Y por ahí yo no paso. Si a usted o a cualquiera nos preguntan sobre la Catedral de Córdoba, nos costaría Dios y ayuda identificarla con una imagen; de hecho si usted tiene previsto visitar turísticamente Córdoba, lo hará principalmente por su mezquita y visualizará rápidamente lo que quiere visitar.

El señor obispo tiene una visión totalmente eclesial, quizás sea la más auténtica, de su edificio; pero que no se le olvide el componente cultural que es tan fuerte en nuestros días. Y estoy hablando de turismo. Dudo mucho que valiera 8€ (a excepción de domingos) visitar “su catedral” si no hubiera sido mezquita anteriormente.

Lo que los turistas queremos ver,  es como en un edificio que primero fue basílica visigoda, luego ampliada con grandeza en varias oleadas bajo dominio musulmán y luego enriquecida en época católica, ha sido un ejemplo de convivencia artística. Donde cada religión ha sabido ver lo bueno de la otra, manteniendo lo que valía y ampliando lo que necesitaba.

(En la imagen podemos ver que lo que destaca en el centro de la mezquita es la catedral, construida entre 1523 y 1766, amoldada entre las arquerías polilobuladas. A pesar de la diferencia evidente, soy partidario de no dividir el edificio en mezquita y catedral; sino de verle en conjunto como un organismo vivo que crece y evoluciona).

Soy el primero que defiendo que al pan, pan y al vino, vino. Soy el primero que defiendo lo que considero mío, pues como cristiano quiero lo mejor para los míos. Pero creo que denominar a la mezquita de Córdoba (como así lo he estudiado), Catedral, es un acto de ostentación totalmente innecesaria, me parece un acto de poca elegancia política (aunque nadie le pida a un obispo que se meta en política, pero ¡estamos tan acostumbrados!).

Desde mi punto de vista, creo que el Sr. obispo se ha dejado llevar un poco por cierto resentimiento en contra de peticiones baladíes en búsqueda de un uso compartido del inmueble. Tiene todo el derecho del mundo a llamarlo catedral, pero para mí (que me guío por parámetros arquitectónicos) seguirá siendo la Mezquita de Córdoba. Llamadme conservador si queréis.

¡Regalos!


Últimamente he recibido muchos regalos. Y ¿a quién no le hace ilusión recibir regalos? Aún aunque sean regalos innecesarios, y la mayoría lo son, es muy grato recibir regalos. ¿Y qué me decís de la ilusión que hace regalar algo a alguien que sábes que le vas a alegrar? Aunque sea sólo por el hecho de que te acuerdas de esa persona. La verdad es que es una verdadera alegría regalar y recibir regalos, quizás porque sean pequeñas dosis de amor tangible. Ese amor que a veces necesitamos transmitir y comunicar como la vida que nos corre por dentro; y también ese amor que también nos viene bien recibir de vez en cuando, al igual que una caricia o un beso. Pues eso.

El caso es que regalos haberlos “haylos” y de muchos tipos. Les hay que se pueden comer, leer, ver, disfrutar, vestir y vivir. Les hay para cada persona y para cada situación. Les hay caros, baratos e incalculables. Les hay por compromiso y por necesidad. Les hay esperados e inesperados. Y al final, la experiencia me dice que los más bonitos son los que te hacen felices a más largo plazo.

Y hay pocas experiencias tan bonitas como la de recibir un regalo por sorpresa, sin esperarlo. Un regalo sin compromiso. ¿Qué hay más bonito que tener algo o vivir una experiencia que no esperabas antes?

Este fin de semana ha sido un verdadero regalo para mí. Todo un regalo de Dios. Para los que no crean en Dios, dirán que me lo he buscado yo, que yo me lo he planeado, que gracias a mis amigos me lo he pasado bien, que nadie discute que el paisaje verde de Cantabria y una bonita playa es eso, bonito, que a buen tiempo, buena cara… Y también tendrán razón, porque simplemente era eso.

Pero para mí es algo más. Es todo un regalazo. Sabía a dónde iba y sin embargo lo que he recibido no me lo esperaba. Todo ha calado más hondo en mí. Ha sido un soplo de aire con aroma a eucalipto y brisa todo ello aliñado con una buena dosis de hermandad y cariño.

Playita de Cantabria (12.07.08)

Ahora sólo me queda decir una cosa. Gracias.

Oda a Santiago de Compostela


Esta oda a tan bella y “vella” ciudad, no podrá reflejar nunca lo que que se puede vivir y sentir en ella, pero puede ser un buen aperitivo para quien la vaya a visitar. Podéis ver una presentación de fotos en la página de presentaciones.

Eres cuna de hombres insignes; pero sobre todo eres cuna del alma de Santiago, un humilde pescador de una tierra muy, muy lejana. Su espíritu, te ha impregnado a lo largo de los siglos, y te ha dado en gran parte lo que tienes, entre otros menesteres, tu nombre.

Aunque seas meta de tan insigne peregrinación, eres punto de partida. Punto de partida desde la conversión lenta y trabajada de quienes llegan hasta tí, conviertes a quien recorre tus ruas, prazas, ruelas y travesas. Eres germen de conversión hacia otros mundos y otros objetivos.

Por eso te das y te has dado año a año, siglo a siglo; persona tras persona, comunidad tras comunidad; de tal forma que en tí no hay arista posible. Eres una ciudad que se desgasta: tus pavimentos, tus esquinas, las columnas de tu catedral. Todas están desgastadas, roídas por una erosión humana.

Das a quien llega tu hospitalidad, ayudada por las amables y maleables gentes que te habitan; tienes la llave que abre el corazón de los hombres, y turiferas con tu agradable incienso a quien se quiera dejar purificar.

Además eres una ciudad silenciosa, por mucho que la gente quiera transformarte. Eres una ciudad espiritual, aunque quieran hacer de tí un puesto de mercaderes. Eres una ciudad de sabiduría, aunque se creen distracciones para quienes quieran saber.

Eres una ciudad de recovecos, momentos íntimos, de dejarse calar por las aguas, de escuchar el agua que corre por tus numerosas fuentes; una ciudad de lenguajes no verbales, de iconografías esculpidas, de verdores entre grises, de líquenes fortalecedores, de manjares reparadores y de caldos excelentes…

Santiago… eres mucho más que un abrazo y una Compostela.

Turismo gominolero


Como decían los Celtas Cortos “Haz turismo invadiendo un país” (aunque no quiero coger el sentido estadounidense de la canción). No; hablamos del turismo de a pie, del turismo de masas, del turismo que todos hemos hecho y hacemos. Como sabéis, he estado trabajando como informador turístico; sin embargo lo que voy a escribir, lo hago desde mi propia experiencia como turista. Y sobre todo lo hago desde mi experiencia como turista de masas.

De lo que quiero hablar es de lo siguiente. ¿Qué nos mueve a gastar dinero, tiempo y fuerza? ¿Cuales son nuestras verdaderas motivaciones a la hora de decidirnos a visitar otros lugares? Digo lo de verdaderas porque a veces, detrás de la simple respuesta de “quiero conocer la cultura de tal país” está la verdadera motivación de “al volver quiero fardar diciendo que he estado en tal país, así se supone que tengo tal cantidad de dinero y tal prestigio y admiración popular”. Entendeis por dónde voy, ¿no?

Porque podríamos hablar al hilo de lo anterior, de cómo a pesar de que los precios hayan subido una barbaridad y en general la vida, que a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes, que cada vez hay más hipotecas y créditos (y los anuncios así lo atestiguan), la gente sigue gastando o invirtiendo en hacer viajes (cada vez más estrafalarios). Pero no quiero ir por ahí.

De lo que quiero hablar es de que cuando quieras organizarte un viaje, pienses bien qué es lo que de verdad te va a llenar, te va a merecer la pena. Y lo digo porque (y a mí me ha pasado) que dices: “ya que estoy aquí, tengo que visitar tal, tal y cual monumentos y estar aquí y ….” Y luego pasa lo que pasa. He llegado a la siguiente conclusión: los monumentos (cosas a visitar) son como las gominolas, que te pueden gustar mucho o puedes acabar empachado y aborreciéndolo. Así pues, creo que lo verdaderamente importante es disfrutar de cada una de ellas. De hecho he descubierto otra cosa, que puedes disfrutar más de la gominola antes y después que mientras la tienes en la boca. Ejemplo: estoy seguro de que al ver el lienzo de la Monna Lisa (la Gioconda), no vas a poder disfrutarlo en octava fila, de pie en puntillas, esquivando con la vista las cámaras de un grupo de 17 japoneses, con un grupo de escolares a tu izquierda, 29 personas-autómatas deambulando por la sala con sus audioguías mirando quién sabe dónde y un foco que siempre está puesto en mal sitio y no puedes ver la parte derecha del cuadro. A eso me refiero. ¿Verdad Alberto?

Como decía con lo de las gominolas. Hay que guardar un fino equilibrio entre cuerpo y deseo. Platón decía que el cuerpo era la cárcel del alma, que era lo que ataba al alma a este mundo terrenal. Por ahí voy. Tengo claro que cada gominola tiene su momento, dependiendo de tu estado de ánimo, de su sabor, del esfuerzo que haya que hacer para degustarla… Otro ejemplo: los Museos Capitolinos. Son una serie de edificios situados en la Piazza del Campidoglio (una de las colinas de Roma), en los que se recopilan (a veces se amontonan) y se exponen numerosas piezas, generalmente escultóricas, sobre la civilización romana. Pues bien, si uno previamente ha estudiado un poquito los períodos de Roma, estilos artísticos, etc, podrá degustar mejor esa gominola; de otra manera, sólo podrá deambular por sus infinitas salas, y pisos quedándose con la belleza o no de sus piezas (como fue mi caso). Ahora que lo que sí acerté fue visitarlo a última hora de la tarde, ya que en la cafetería hay una magnífica terraza desde la cual puedes contemplar el crepúsculo del astro rey sobre las clásicas cúpulas de Roma. Una experiencia para compartir.

Iré terminando. El cuerpo (como unidad) te pide mucho, es quien te puede dar alas o hacerte sentir la persona más cansada del mundo, es él quien te va a dictar tus anhelos y tus limitaciones. Escúchale a cada momento, dentro de lo que cabe, da rienda libre a tus pretensiones y anhelos. Sueña un poco allá donde estés, estás lejos de tu hábitat, te puedes permitir el lujo de dejar tus prisas habituales, de ver y subir en sitios donde sólo allí y en tus sueños puedes hacerlo, de darle a tu corazón alguna alegría y recuerda lo de la gominola: el placer de comerla puede estar antes, durante y después. Ojalá lo encuentres en las tres.