Los últimos serán los primeros


Los que me conocéis, sabéis que una de mis pasiones acérrimas es la Fórmula 1.

Para los que anden un poco perdidos en este mundo de altas velocidades y desarrollos tecnológicos, os pondré un pelín al día.

Nos remontamos al 2 de noviembre de 2008, Grande Premio do Brasil, Circuito de Interlagos: un señorito llamado Lewis Hamilton le arrebata al piloto local Felipe Massa el mundial de pilotos en la última curva.

Esto es lo que salió en todos los periódicos; sin embargo, voy a dar la vuelta a la noticia. Entre los seis últimos, quedan situados dos monoplazas, los del equipo Honda, pilotados por Rubens Barrichello y Jenson Button. ¿Qué sabemos de ellos?

Rubens Barrichello, o “rubinho”, como le llaman en Brasil, comenzó a correr en la Fórmula 1 en ¡1993!. Su mejor etapa como piloto, la pasó en Ferrari, siendo uno de los mejores segundones de toda la historia tras la estela de Michael Schumacher. Poneros en su pellejo: Teóricamente ser igual que Schumi, pero saber que todo lo bueno del equipo va a ir para él: la estrategia, las novedades, los halagos, los triunfos… Y además, que el equipo exige de tí que seas el escudero fiel, frenando a los rivales (cuando les había), saber perder lo que es tuyo para el bien del equipo y del otro piloto.

Cuando terminó con Ferrari, pasó a Honda, una escudería que prometía mucho, con muchos recursos financieros (de los mayores de la parrilla), pero que temporada tras temporada iba haciendo agua y no daba con la tecla correcta. En el invierno entre el 2008 y el 2009, con 36 años, nadie daba un duro por él. Todo el mundo le daba por retirado. Todo el mundo pensaba que Honda buscaría a un joven piloto que le reemplazara (el sobrino de Ayrton Senna).

Jenson Button, debutó en el año 2000 en la Fórmula 1. Como hijo de la Gran Bretaña, tierra de enorme tradición automovilística, tuvo que soportar (y aún soporta) el enorme peso de ser la joven promesa del automovilismo británico. Muchos ojos ingleses, y algún escocés y galés, tenían puestas muchas esperanzas en este chico de Somerset. Su objetivo, que devolviera al imperio insular el prestigio ganado otrora por Hill, Mansell, Hunt o Stewart. Toda una gran losa, que siempre tuvo cargada en sus hombros hasta la llegada de Hamilton.

Cuando Hamilton llegó a McLaren y empezó a ganar, Button pasó a un segundo lugar, e incluso al olvido. La prensa británica se volcó con este nuevo chico inglés, que si pique con Alonso, que si la FIA le odia… Y Button siguiendo ahí, a la cola del pelotón, chupando abandonos y carreras sin pena ni gloria.

Y llegamos a este invierno recién terminado: debido a la crisis económica de escala mundial, Honda decide retirarse de la Fórmula 1. Menudo bombazo. Ross Brawn, el tercer personaje de este artículo, había sido el “team manager” de Honda desde 2007, el responsable de las pésimas últimas temporadas de Honda. Tras dejar Ferrari y tomarse el 2006 como sabático, recaló en la escudería anglo-nipona con el objetivo de hacerla resurgir. Todo un fracaso. Barrichello para jubilarse. Button, la eterna promesa olvidada. Brawn un enorme paso atrás en su carrera.

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El 6 de marzo de 2009, compró todas las acciones de Honda y se hizo cargo del equipo (con sus deudas), pasó a llamarse Brawn GP, confirmó a Barrichello y Button como sus pilotos e hizo lo que tenía que hacer para llegar de la mejor forma posible a Australia, la primera carrera. ¡Y vaya si lo hizo!

Ni Ferrari, ni Alonso, ni McLaren, ni Hamilton fueron los dominadores de la carrera, es más, casi siempre estuvieron en un discretísimo segundo plano. Los primeros: los Brawn GP arrasaron dejando Melbourne como un erial: primero Button, segundo Barrichello, primeros en el mundial de constructores sacando 12 puntos al segundo, pole position…

A veces, muy muy a veces, los milagros existen (aunque duren poco), los últimos son los primeros y los primeros, los últimos (mirad quien es la última escudería en el mundial de equipos).

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G. P. Mónaco


Ya sabía yo que tarde o temprano tenía que escribir sobre la Fórmula1. Pues como sabéis los que me conocéis, es una de mis pasiones, capaz de hacerme levantar de la cama a las 4 de la mañana para ver algún entrenamiento.

Y creo que elijo la carrera más expectacular del año, el Gran Premio de Mónaco, que se celebra este fin de semana en las sinuosas calles y el puerto de Monte-Carlo.

Nos presentamos con una situación en la que Alonso, mi piloto admirado, no opta en un principio por el mundial, algo a lo que no nos tiene acostumbrados después de los últimos 3 años. Pero sin embargo, es en estas ocasiones cuando las grandes figuras de todos los tiempos marcan las diferencias y deslumbran con sus detalles de calidad; y creo que esta temporada, es la que necesitamos los aficionados españoles para juzgar a Alonso por su forma de pilotar, y no por sus resultados. Cosa que la prensa española suele hacer habitualmente.

Pues con estas llegamos, cuando nos dicen por la tele que tendremos lluvia. ¡Lo que nos faltaba! Más espectáculo. Por si fuera poco, este año ya había ganas de ver a los monoplazas en Mónaco sin control de tracción y encima se pone a llover en la carrera más difícil del año. ¿No queríamos agua? ¡Toma dos tazas!.

Pero sobre lo que quiero escribir, es de la locura que supone que un Fórmula 1 corra en Mónaco. Pues a mi modo de ver es super costoso, impráctico, incómodo, y sobre todo inseguro. Y creo que como no ha habido ningún accidente mortal desde hace mucho tiempo, pues a este factor no se le ha dado mucha importancia, o sólo la necesaria. Si las cosas van bien así, ¿para qué cambiarlas? Me parece increíble que las ruedas pasen a muy pocos centímetros del mar y que la gente esté sentada (o de mala manera) viéndolo desde cualquier sitio, con lo peligroso que puede llegar a ser eso.

Pero como la mitad de los pilotos viven allí y el dinero, al igual que el bacalao se corta y se pincha allí, pues nada, a venderse. Ahora sí, a espectacular no lo gana nadie, como la carrera nocturna que habrá en Singapur. Pero eso será otro tema.

Aquí tenéis un vídeo de una carrera con lluvia de hace 12 años en Mónaco. Como veréis, también los campeones tenían accidentes.