Resurrección


El primer día de la semana, muy de mañana…

Podría ser el inicio de un cuento, una novela, unos dibujos animados…, o de un superproducción de Hollywood. Sin embargo, estas palabras pertenecen al evangelio de Lucas.

Simplemente son 9 palabras. Y sin embargo, me predisponen con alegría a seguir leyendo un relato que cuenta algo que es muy importante para mí. Son para mí unas palabras que están llenas de vida; porque las asocio, no solo a un contenido teórico relacionado con la resurrección, no solo a unas ciertas experiencias personales relacionadas con la vivencia de Pascuas juveniles, sino también a ciertos cambios profundos que han marcado tanto mi forma de ser, como mi forma de actuar.

Puedo decir que esas 9 palabras, y las que siguen, configuran mi vida. La han configurado hasta ahora y probablemente la configuren más adelante. Para mí, son palabras vivas, que se actualizan y siguen vigentes. Para mí, son palabras llenas de vida y que me dan la vida.

Después de esta confesión un tanto rotunda a la par que trascendente, me lanzo a desentrañar lo que para mí es la resurrección. Y lo escribo, después de leer la reflexión personal que una luciérnaga ha escrito en su blog. Coincido en gran parte con ella en la reflexión que desarrolla, aunque ni la historia personal, ni el camino recorrido hasta llegar a la misma sean parecidos.

El hecho físico

Para lamento de las cadenas de televisión, en las primeras décadas del siglo I, ni existían realities con cámaras 24 horas haciendo streaming desde el sepulcro, ni había enviados especiales a la Jerusalén de entonces. Lo que nos ha llegado a nosotros tras un par de milenios, es a través de los evangelios y de la historia de la iglesia entre otras fuentes.

No obstante, me apetece reflexionar sobre la importancia que le damos al hecho empírico para fundamentar pensamientos y creencias. En efecto, necesitamos pruebas, no podemos articular un mínimo razonamiento lógico sobre arenas movedizas. Sin embargo, a nivel de creencias, no podemos porfiarlo todo a la razón. Si no, no tendríamos creencias, tendríamos ciencia, física, matemática…

Los creyentes no somos historiadores que necesiten necesariamente hechos para desarrollar sus tesis. Necesitamos hechos. Pero leídos, vividos y rezados a la luz de la vida y la fe. Ciencia y fe no son incompatibles, sino todo lo contrario, se necesitan para acercarse a una comprensión más íntegra, plena y actualizada de la realidad… y de Dios.

Quizás sea un gran reto para el cristiano del siglo XXI, y por ende de la iglesia y la teología, construir las creencias sin necesidad de crear incompatibilidades con el campo científico. O más aun, deambulando como Cerbero entre dos mundos: el de la explicación mítica/mágica y el de la argumentación creyente de hechos metafísicos como es el que nos ocupa. Creo que la iglesia no necesita argumentar la resurrección física de Jesús para justificar su divinidad. El cristiano del siglo XXI ha madurado.

Quizás sea la gran tentación de nuestros tiempos: construir sobre roca los cimientos de la fe sin temor a renunciar a una explicación más cercana a la magia, a la literatura simbólica, al mito. La leyes de la física y de la naturaleza son inviolables. Y los renglones de Dios, por muy torcidos que sean, no necesitan ser enderazados a escuadra y cartabón. Otra cosa es que con líneas rectas nos resulte más fácil, y en cierta medida, más cómodo “leer” a Dios.

Mi joven experiencia personal, me habla de que no es necesario hacer una excepción a las leyes de la naturaleza para comprender (o acercarse) al fenómeno de la resurrección. Tampoco lo es para contemplar la hermosa huella de Dios en la infinitud del inacabado proceso de creación. Génesis y Big Bang no se oponen. Muerte física y Resurrección cristiana tampoco.

 

Escarbando un poco

Entonces, la resurrección ¿qué es? ¿De qué estamos hablando? ¿Es una metáfora? ¿Es un artificio teológico para fundamentar el génesis de la iglesia y la divinidad de Jesús? ¿Es algo que será siempre imposible de explicar para los humanos?

Mi experiencia creyente me sugiere que tiene un poco de todas las anteriores suposiciones, lo que podría parecer a todas luces un gran engaño. El gran timo de la iglesia para autoengañarse. Sin embargo, ni creo que el fin de la iglesia sea autoengañarse, ni creo que todo esto sea un mito. Para mí la resurrección tiene una gran dosis de verdad observada con los ojos de la fe. Pero no es fácil. Veamos.

Se muy poco de Teología. Pero me preocupo de lo que creo y de cómo mis creencias -que varían, crecen y mueren como cualquier ser vivo- participan en mayor o menor medida del magisterio de la iglesia. Por ello, me considero en cierta manera un poco teólogo. Aunque suene presuntuoso.

Cuando uno se acostumbra un poco a leer el Nuevo Testamento, se da cuenta de la barrera histórica, religiosa y principalmente cultural que nos separa con el mundo romanizado del siglo I. Es como manejar un programa en MS-DOS. Se puede funcionar con él, pero no se entiende el funcionamiento interno del mismo.

Mi intuición me dice que alguna que otra vez, en el Nuevo Testamento se ven obligados -las diferentes comunidades redactoras de los evangelios- a buscar la cuadratura del círculo con la figura de Jesús; de tal manera que se cumplan en él profecías y promesas que aparecen en el Antiguo Testamento. Podríamos explicar las citas referentes a la resurrección por ese camino también.

Aparecen en el A. T. algunas citas que hacen referencia a algo parecido a lo que será después la resurrección de Jesús:

Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará y así viviremos en su presencia. (Os. 6, 2).

 

El Señor envió un pez gigantesco para que se tragara a Jonás y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días con sus noches. (…) El Señor dio orden al pez de vomitar a Jonás en tierra firme. (Jon. 2, 1.11).

En relación a esta segunda escena, nos encontramos en el evangelio de Mateo una referencia a la historia de Jonás y el gran pez y su actualización en la figura de Jesús.

“Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt. 12,40).

Puesto que ni es mi intención hacer un estudio profundo de las fuentes que podrían sustentar el episodio de la resurrección de Jesús; ni me encuentro en condiciones para hacerlo, me quedo con esta pincelada; que para mí sustenta en cierta medida los relatos de la resurrección. Los evangelios no pretenden engañar, sino hacer ver a la incipiente iglesia que en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho al pueblo de Israel con la figura de un Mesías.

Vida y muerte. Muerte y vida.

Quizás haya que abandonar el campo exegético y aterrizar en nuestras experiencias cotidianas para tomar otra perspectiva que nos permita ver la resurrección con más riqueza.

Física y biológicamente la muerte humana es el final. Es letal. Definitiva. Rotunda. Lo más cierto de la vida. Absoluta. Total. Fatal. Es el fin. No hay segundas partes conocidas, ni es un sueño del que despertar. Es así de crudo. Humanamente la muerte es el fin, es la última hoja del único libro de nuestra vida. No descubro nada nuevo. Pero sí creo conveniente tener claro este punto.

Sin embargo, tanto para cristianos, como para no cristianos, la muerte nos abre las puertas a un nuevo estadio, abierto a un sinfín de posibilidades y de interpretaciones. Quizás el hecho de estar abiertos a este horizonte nos hace ser a todos seres creyentes.

A nivel personal, he sufrido la muerte de un ser muy querido. Como creyente, estoy convencido que sigue permaneciendo de una forma que soy incapaz de explicar en mi vida. No de una forma mágica. Y no puedo concretar ni con hechos concretos, ni físicos que “noto” que permanece cerca de mí o en mí.

Como cristiano, puedo decir que creo (afirmación, no duda) que la persona muerta ha entrado en otro estadio. Que participa de otra naturaleza, que no es material y que creo que en su nuevo estadio, es más divina -participa más de la naturaleza de Dios- que en su anterior estadio físico y humano. Y creo además que el amor que el difunto entregó en vida, “funciona” como enlace entre el difunto y los vivos en la medida que el difunto lo practicó con los seres a quien quería.

El catecismo de la iglesia explica con otras palabras la resurrección de Jesús:

Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo, las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (Catecismo de la Iglesia Católica, 645).

Al igual que lo que sucede con mi ser querido, creo que algo similar sucedió con las personas allegadas a Jesús. El amor que él les tenía no solo fue el motor que les impulsó a seguir adelante con el Reino de Dios que inició el mismo Jesús, sino que sentían su presencia tan fuerte como cuando estaba vivo entre ellos.Sólo se puede explicar la resurrección desde un punto de vista cristiano con el prisma del amor. Sin amor, se quedará en una fábula, en un engaño, en un mito.

Y ese amor, o esa cierto sentimiento de presencia de Jesús fue lo que provocó el crecimiento y consolidación del cristianismo desde Jerusalén, pasando por Asia Menor hasta llegar a Roma donde se convirtió en unos siglos (y de aquella forma…) en religión oficial. Los discípulos en vez de volver a su vida anterior, se pusieron en peligro volviendo a Jerusalén, jugándose la vida allí. Algo muy fuerte, vital, profundo y esperanzador les sucedió para moverles a hacer lo que hicieron. Y no eran precisamente unos adolescentes.

Y… ¿hoy qué?

Creo que como cristianos del siglo XXI tenemos el deber de hacer el esfuerzo de actualizar nuestra fe. No es tarea fácil. Ayer mismo, -casualidades de la vida- acudí a una misa de exequias y escuché como el sacerdote se aferraba a una resurrección física tanto de Lázaro, como de Jesús, para argumentar la esperanza del cristiano en una vida después de la muerte. Y aunque esté de acuerdo en el fin del argumento, creo que la trama merece ser profundizada y actualizada.

El catecismo de la iglesia habla de la resurrección de Jesús como un acontecimiento real, físico e histórico. “El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento” (Art. 639), y más aún en el 643: “Ante estos testimonios (mujeres y discípulos) es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por Él de antemano”. Y desde mi punto de vista, no debería aferrarse únicamente al hecho de la resurrección desde estos términos.

Quizás el problema profundo de la resurrección, sea un tema semántico, en el que cada persona y cada sensibilidad, tienen una percepción única de un hecho metafísico sobre el que es fácil caer en términos mágicos. Además las obras de arte, y las películas han ido construyendo una iconografía que ha dejado huella en toda nuestra cultura.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De esta manera, me gustaría que este artículo consiguiera en cierta medida hacer reflexionar sobre el hecho de la resurrección. Y además manifestar que el cuestionamiento de una resurrección real/física/histórica en contra de lo que propone el catecismo, no debería suponer un pensamiento herético o alejado del dogma de la iglesia, sino un acto de madurez de fe y en definitiva de un acto de madurez de la iglesia.

A nivel personal, considero a la resurrección como uno de los soplos de espíritu que más alientan mi fe, me habla de un volver a nacer, de reconciliarme conmigo mismo, de volver a creer con más fuerza si cabe, de la utopía generada por el amor, de amar con las menores condiciones posibles, de atreverse a entregarse con pasión, de sentir a un Dios madre con mayor capacidad de amar, de sentir la esperanza como una realidad palpable, como una certeza posible…

Podría seguir escribiendo y desarrollando lo que creo y vivo con la resurrección, pero me quedo con lo que me sugieren las 9 palabras con las que empezaba este artículo. Unas palabras que me hacen creer en la resurrección.

“El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día“. (Lc. 24, 1-7).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s