La renuncia de Benedicto XVI


No soy precisamente un defensor de la figura del Papa, ni de su cargo: el papado. Tampoco me considero alguien que defienda que es una figura que deba desaparecer. La verdad es que no me gustaría estar en su pellejo. Ni antes, ni ahora, ni dentro de unas semanas.

Tenía ganas de escribir unas líneas sobre la renuncia del Papa, a la luz de algunos artículos que he leído entre la maraña de tendencias e ideologías que cohabitan en el mundo cristiano y en el profano, por así decirlo.

Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Benedicto XVI. Declaratio. 10 de febrero de 2013.

Por un lado, hay un primer punto que genera mucha polémica, y es si nos creemos que el estado de salud sea la única causa de la renuncia del Santo Padre. He leído diversos artículos que parecen estar escritos dudando de que su ancianidad sea la única causa de ello, algunos lo muestran abiertamente; otros escriben dando por supuesto que hay mucho más de lo que se nos quiere hacer ver.

Sinceramente, dudo mucho que lo lleguemos a saber en la futura historia reciente de la Iglesia. Pero creo que aquellos que siempre ponen en solfa la credibilidad de la Iglesia, han visto en esta renuncia una herida purulenta por la que supuran los males de la curia vaticana.

Mi opinión personal desde el desconocimiento del carácter del Santo Padre, es que Benedicto XVI es una persona de gran profundidad, de gran calado espiritual y sobre todo muy inteligente. Creo que bajo ningún concepto considera su ministerio como un cargo político al que uno se aferra o se baja según vengan bien o mal dadas. Creo que es consciente de la grandísima responsabilidad que conlleva su cargo, y por tanto su renuncia. Por lo que, no creo que haya renunciado por luchas de poder en el seno del Vaticano -no dudo que las haya-, como un acto de egoísmo, o como un acto de rebeldía y frustración ante la vorágine de noticias antievangélicas que han salpicado al Vaticano.

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Un segundo punto, que genera un mayor debate teológico y quizás humano, es el siguiente: si nos creemos que el Papa renuncia únicamente por razones de salud, ¿qué le diferencia de su predecesor Juan Pablo II? ¿Por qué el Papa polaco aguantó hasta el martirio -diría yo- y Benedicto XVI prefiere no coger la palma del martirio?

La historia no es precisamente la mejor defensora de Benedicto XVI. Que en 6 siglos no haya habido ninguna renuncia papal, no le asemeja a sus antecesores, le hace ser una rara avis dentro de la fauna pontifical, si se me permite la vulgar expresión. ¿Por qué si sus antecesores murieron con la tiara papal, este anciano Papa decide romper esa ley no escrita y renunciar al cargo?

«Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.»

Código de Derecho Canónico. Canon 332.

Y no sólo ello, avanzo un poco más. Existe una cuestión que merodea en el trasfondo: si un Papa es elegido por el Espíritu Santo -mediante cónclave-, ¿la renuncia significa un no a Dios?, ¿la renuncia significa una mayúscula respuesta egoísta frente a la exigencia del ministerio encomendado?

La pregunta tiene mucha miga -tanta, que soy incapaz de llegar al fondo de ella-, pero prefiero no quedarme en el currusco o en la corteza. Desde mi punto de vista, entiendo, o quiero entender, los fundamentos de su decisión desde la teología. Y recordemos que quizás sea el mayor teólogo que tiene la Iglesia.

Creo que su renuncia está tomada desde su relación cercana con Dios. Sólo me cabe entenderla desde este punto de vista. Desde un Dios que se hizo humano, que no exige a cada uno más de lo que puede dar, de un Dios que no quiere sacrificios gratuitos, que habita en el corazón de cada hombre y que siempre tiene la capacidad de sorprendernos. ¡Vaya si ha sorprendido!

Desde mi punto de vista, la renuncia del Papa es un acto de sinceridad, de franqueza y de valentía por romper la tradición y por crear incertidumbre en los fieles. Pero no sólo eso, para mí demuestra que Dios sigue haciéndose hueco en el corazón de los hombres, aún en la cúspide del poder, desafiando convencionalismos, desafiando a la historia y desconcertando a quienes creemos en él.

Probablemente Juan Pablo II pensó en renunciar y en cambio decidió -se sintió llamado- a asumir su ministerio hasta su muerte, hasta las últimas consecuencias, mostrándose humildemente al mundo como un anciano enfermo. Seguramente los últimos meses, quizás años de su pontificado, no fue él quien por sus limitaciones asumió totalmente las tareas que su cargo conllevaba y fueron otros quienes lo hicieron. Ahora Benedicto XVI, quizás previendo esta situación, haya conseguido que con su renuncia, el Papa lo sea como tal; asumiendo con plenitud de fuerzas, salud y espíritu todo su pontificad, de principio a fin; sin ayudantes, sin suplementos.

Los dos últimos papas han dado dos respuestas diferentes a su llamada al ministerio pontificio. Para mí las dos son válidas, las dos son muy valientes, las dos son coherentes, las dos son complementarias, no opuestas y las dos hablan de una relación muy estrecha con Dios. Y creo que eso es muy positivo para la Iglesia.

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Un pensamiento en “La renuncia de Benedicto XVI

  1. Lamentablemente en tu révision ,muy interesante, no se trasluce la imparcialidad que anuncias en tu primer parrafo. El papado debe ya tomar otro rumbo en acorde con la modernidad. Estoy seguro que el Cristo historico hace ya varios decenios habria tornado el timon. Dios es un producto de la creacion humana, como tal debe adaptarse al rrecorrido evolutivo de la especie. Es mi opinion.

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