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Antes de empezar quiero explicar que el título, que pudiera ser ofensivo; está puesto en clave de sarcasmo por cómo los medios y diferentes partidos e ideologías han manejado y utilizado un caso particular, el de Eluana, para arrimar el ascua a su sardina. Quizás sería más correcto poner “los que quieren morir hablan”. Yo quiero hablar aquí no sólo de la señora Englaro, sino hacer una reflexión general sobre la eutanasia (del griego “buena muerte”).
He de confesar que me reconozco como un desconocedor (valga la redundancia) de la eutanasia y de la postura oficial argumentada de la Iglesia, aunque sí me he informado sobre sus declaraciones al respecto en los últimos días. En el caso concreto de Eluana Englaro, desconozco cómo era la vida que llevaba, pues la información cambia mucho según el medio en el que se lea, (malditos partidos e ideologías, en este caso). Para unos hasta sonreía y para otros hasta tenía llagas y sólo podía ponerse en una postura.
Además, creo que es un tema muy complejo. Afecta a muchos campos, a la moral, a la religión, a la política, a la sociedad, a la medicina, al derecho, incluso a la economía y todo ello englobado en la bioética. Y sin embargo, como seres humanos que vivimos ahora, en nuestro tiempo, tenemos la obligación de dar una solución a un determinado y eterno problema, en este caso con nombres y apellidos y en un lugar concreto: Italia ¿no había otro país?.
Yo, ciudadanito de a pie, creyente, todo esto me supera, pero también voy a dar mi opinión, me apetece. Me apetece compartir lo que yo creo al respecto.
Es una obligación y también un deber parlamentar y dialogar sobre este tema, y nunca despotricar y aferrarse como si sólo hubiese un punto de vista al problema. Probablente (otra vez esta palabra) todas las posturas al problema tengan sus aspectos positivos y negativos y seguramente no haya un único camino. Elijamos entre todos el menos malo, el camino que para cada persona sea el mejor.
Exactamente no sé cual es la finalidad de la medicina: si es evitar la muerte o que la persona tenga la mayor calidad de vida posible. A mí, y a mi familia nos han sanado, pero no sé cuales son los fines últimos de su profesión. Si hay algún médico que me quiera responder al respecto, escucharé con atención.
Por otro lado, me pregunto como aquél viejo anuncio ¿Y Dios que opinará de esto? En teoría, y por lo que he leído, la postura la de la Iglesia es “la vida es un bien no disponible”, en palabras textuales del Papa y además se remite a las curaciones que hizo Jesús. Y lo que yo interpreto es: ¿hay que esperar a que Dios haga un milagro por esta chica? ¿por qué ella? ¿y va a salvar Dios a todos los enfermos en estado vegetal? ¿sería justo ésto?
En otra cara de este poliedro, me pregunto ¿No tiene suficiente libertad el hombre como para decidir sobre su propia vida? ¿El hombre -o persona- en el que cree la jerarquía eclesiástica es alguien contrapuesto a Dios? ¿No es verdad que Dios habita en nosotros? ¿No es verdad que nos creó a su imagen y semejanza? ¿No es verdad que nos creó libres? ¿En qué hombre creen?
Lo que quiero decir con otras palabras es que la persona es algo tan complejo es una mezcla de razón y corazón, de creencias y razonamientos, de salud y de enfermedad, de vida y de muerte… Y todo eso, lo ha creado Dios, libre, tan complejo y tan natural a la vez. Y considero que las personas también somos Dios (no tomen a la ligera esta afirmación) y que tenemos capacidad de decidir sobre la vida y la muerte. A lo largo de la historia hemos acertado y nos equivocado muchísimas veces. Y ha habido etapas de muchos aciertos y etapas de error tras error. Y estamos aquí tras siglos y milenios de existencia, y nos seguimos preguntando sobre la vida y la muerte y reflexionamos sobre ¿qué pensará Dios sobre ello?
Y lo más bonito es que toda esa historia humana, es también una historia divina. Dios ha estado en cada paso, en cada acierto y en cada error. La metáfora que se me ocurre para esta situación es como cuando un niño pequeño que quiere coger algo y antes de enfrentarse al problema le mira a su papá (abbá) para que se lo solucione -como queriendo decir “mira a ver si haces algo”- , en vez de buscar la manera de cogerlo. Y su padre, le mirará y dejará que se caiga y que a lo mejor se golpee y se vuelva a levantar para conseguir lo que quiere. Señores de blanco y púrpura, seamos adultos, asumamos nuestro poder (el de gestionar y vivir nuestras vidas) eso sí con responsabilidad; nos equivocaremos seguro, pero juntos, y siempre juntos, encontraremos la solución menos mala. Como dije antes, lo hemos muchas veces mal, pero hasta aquí hemos llegado y diría yo que ¡qué bien estamos!.
Que quede claro que creo en los milagros, pero no en milagros programados y a la voluntad del hombre; sólo Dios sabe cómo, cuándo y porqué. Dios es amo y señor. Todos los esfuerzos por racionalizar y explicar los milagros de Dios les considero inútiles. Es imposible comprender el “modus operandi” de Dios. No sé si la jerarquía de la Iglesia pretendía un milagro de Dios, o si esperaba a que esa persona muriese de vejez, lo desconozco.
El dolor es algo inherente a la condición humana, desde el Vaticano se afirma que hemos de asimilarlo, que no hemos aprendido a vivir con él. Y en parte tienen razón. Ahora bien, ¿es humano (y mucho más, cristiano) el dolor por y para alargar una vida ad infinitum? Quizás, nos hayamos convertido en un mundo super-práctico, donde hay que conservar lo que vale y deshechar lo que no vale, incluso con las vidas humanas. Últimamente me pregunto, si no nos estaremos aferrando tanto a la razón y a la ciencia, como para no dejar paso al milagro. ¿Creemos tanto en qué esa vida no sirve, no vale, “no es vida”? ¿Lo tenemos tan claro? Y seguramente, al 99,999999% la vida de Eluana era irreversible. Ahora bien, ¿su vida era digna? ¿para quién? ¿qué entendemos por digna? Abro el debate.
Podríamos debatir sobre el conservar la vida a ultranza, quizás por miedo a la muerte o a matar, podríamos hablar si a Eluana la han matado o ya estaba muerta. Por cierto, ¿por qué se habla del derecho a una vida digna, cuando se debería decir el derecho a una muerte digna? Si es que las muertes son dignas, claro.
Resumiendo. Doy un sí rotundo y en mayúsculas a la vida. Y a la vida entendida no sólo en cuanto a lo físico, no sólo encerrada en el cuerpo. Seguramente haya muchos casos de personas encarceladas en su cuerpo y sin embargo libres en su alma.
Doy un no a un prolongamiento de la vida del cuerpo humano (distanasia) sin sentido, cuyo único fin es la negación de la muerte a toda costa.
Que Dios nos ayude a comprender nuestra naturaleza humana y divina.
P.D.: Animo a escribir sobre el tema. A mí, me plantea muchas dudas y según iba escribiendo, me iban surgiendo más en mi cabeza. Creía tener ideas claras al principio y al final he navegado en un mar de dudas, pero sin dudas no se crece. Gracias a ‘El Hierro y el Azúcar‘ por abrir brecha y plantear este debate.
Carta a los responsables de la campaña “pro-ateísmo”.
Estimados señores ateos:
Me ha llamado la atención su campaña copiada literalmente de Londres, cuyo slogan traducido al español es “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.
Al igual que ustedes se están expresando libremente, yo lo haré así también, intentando transmitir lo que siento y creo, aunque expresarlo con palabras sea muy difícil.
Como punto de partida, me preocupa una cosa; bueno, más que preocuparme, me remueve las entrañas el grado de insatisfacción, angustia, quemazón que han tenido que sufrir ustedes para haber llegado a este punto. Me refiero a qué angustia vital han debido de vivir: a contra-corriente, en contra de la mayoría, en contra de dogmas, en contra de la Iglesia. ¿Cómo se debe vivir estando convencido (aunque manifiesten que probablemente Dios no exista) de la ausencia de Dios cuando su mundo, y me refiero a la España de los años 40-60, está totalmente mediatizado por la Iglesia? Por que creo que sus convicciones no son fruto de estos tiempos, sino de tiempos de dictadura y opresión. O al menos quiero creer en eso.
Desconozco la situación y la historia personal de ustedes, pero sólo puedo entender la campaña desde el resentimiento que hayan podido sufrir. Y veo mucho resentimiento en esta campaña. Veamos:
Empecemos por el final: “disfruta la vida”. Lo primero que pienso es ¿ser creyente quiere decir no disfrutar de la vida? Por supuesto que no. Parece ser que los cristianos somos unos seres que vamos con el flagelo en el bolsillo, o que estamos todo el día dándonos golpes en el pecho entonando el “mea culpa”. O también que estamos encarcelados en conventos y monasterios o que orar no es disfrutar de la vida.
Pues les digo que habrá de todo “en la viña del Señor”, pero mi opinión personal es que cada uno está llamado a buscar su felicidad: unos son felices en un monasterio de clausura rezando (incluso también por ustedes, que no creen en Dios); otros encuentran la felicidad siendo uno más con los que poco tienen, con los necesitan un poco (o un mucho) de ayuda; otros son felices siendo pastores, sacerdotes, dedicando su vida a la gente que Dios pone en su camino; otros son felices siendo maestros, educadores, enseñando desde el respeto a toda creencia… Hay quien encuentra su felicidad siendo militar y para otros ser militar significa disciplina, recias normas, guerra, etc. ¿Quién es quién para opinar sobre la felicidad del otro? O como ustedes dicen ¿para opinar sobre el disfrute de la vida ajena?
La frase “deja de preocuparte” no sé por dónde cogerla. No sé si es una simple llamada al hedonismo; hecho que refuerzan con la afirmación “disfruta la vida” y es algo con lo que estoy en contra.
No sé si se refiere a “no te preocupes de los demás y ni de nada, preocúpate sólo de tí mismo”. A lo que también estoy en contra.
O si es más bien “olvídate de dogmas, normas y obligaciones, lo que tú creas es lo que vale”. Aquí ya, hay que matizar. Sobre la ausencia de normas, no tengo nada que decir ¿qué sería de nuestra sociedad sin normas, sin deberes? ¿Son ustedes anarquistas?. Ahora bien, aquí ya estamos hablando de libertad (en el fondo toda la campaña está basada en la libertad de creencia). Efectivamente cada uno es dueño y señor de lo que cree, ¡faltaría más! Lo que pasa es que si tu eres cristiano, lo eres libremente y eso conlleva a aceptar y consolidar unas creencias, forjadas en la experiencia de Dios de mucha gente y desde mucho tiempo atrás. Salvando las enormes distancias, y que todo el mundo entienda por dónde voy: es como si uno eligiera formar parte de la comisión de festejos de un pueblo, eso le compromete a una serie de compromisos, (valga la rubundancia). Pero esos compromisos, han sido elegidos voluntariamente, nadie le ha obligado a “apuntarse”. Y esos compromisos son vistos como algo necesario. No sé si me entienden por dónde quiero ir.
Vayamos por último a su estandarte: “Probablemente Dios no exista”. Estoy completamente de acuerdo con ustedes; al igual que estoy con el que el que afirme “Probablemente Dios exista”.
Miren ustedes, les agradezco su forma de enfocar la campaña. Siendo ateos, podrían haber dicho “Dios no existe”, como así creen ustedes. Pero han preferido ser algo más astutos (ganando así mayor clientela) y también han sido más respetuosos, y en este sentido les aplaudo.
No voy a entrar aquí a defender o desmentir si Dios existe o no. Igual de razón tengo yo al afirmar que sí; que ustedes, que dicen que no. Ni el mismísimo San Agustín les podría llevar la contraria. Lo bueno (o malo) que tiene la fe, o al menos así lo entiendo yo, es que se basa en gran medida en experiencias personales, en “fiarse”, y ese “fiarse” es algo personal. Algo tan difícil como explicar el amor entre dos personas.
Para explicarme mejor, y nunca para intentar convencerles, les hago la siguiente pregunta: si va usted caminando ¿quién le asegura que el suelo no se hundirá al siguiente paso? Me dirá usted que es probablemente imposible que esto suceda, y me dirá que ha dado 100, 500, 2.000 pasos antes y que esto no ha sucedido. Si va más allá, me pasará un informe geológico, geográfico y edafológico y me documentará que nunca se ha producido ningún tipo de derrumbamiento ese tipo de suelo. Y me podrá dar mil razones más, y sin embargo, sus conclusiones nunca darán por descartado que el suelo se hunda al siguiente paso, porque su estudio está basado en experiencias, en una lógica aplicada y basada en experiencias.
Bueno, pues creer en Dios supone partir de analizar experiencias a la luz de la fe y del evangelio; y por mucho que le diga yo a usted, nunca le podré afirmar categóricamente que Dios existe. Usted dice que “Probablemente Dios no exista”, yo le digo “o sí”.
Para terminar, he de decir que no tengo nada en contra de ustedes como creo haber demostrado hasta ahora, ni por ser ateos, ni por ser librepensadores (espero que algún día me aclaren qué es eso).
Incluso voy más allá, si ustedes están comprometidos con su causa, imagino que prestarán ayuda y acompañarán personalmente a las personas que se adhieran a su causa. Dicho de otra manera, ayudarán personalmente a ser felices, o como dice su slogan “a disfrutar de la vida”, a cada uno de los que quieran acompañarles en su fin. Si es así, he de decirles que actuarán como buenos cristianos, cosa que me congratula. ¿Qué hay más gozoso que ayudar al prójimo a encontrar su felicidad? Aunque sea para apartarle de Dios, (o de lo que ustedes creen que es Dios), fíjense.
Déjenme que también yo desde mi libertad les haga las siguientes preguntas:
¿Verdad que su campaña no está dirigida contra nada ni contra nadie? ¿Verdad que su campaña no quiere ofender a nadie? ¿Verdad que en su campaña no hay otros “probablemente” encubiertos?. Déjenme que desde mi libertad piense mal, a lo mejor acierto:
“Probablemente la Iglesia sea una institución anticuada. Apostate y sea feliz”.
“Probablemente yo que soy ateo soy más feliz que usted que pierde su tiempo en ir a la iglesia”
“Probablemente soy más coherente que usted. Creo en lo que quiero. No creo en lo que me imponen”
“Probablemente vivo la vida más feliz que usted. Dios está lejos de mis placeres. No sabe usted lo que se pierde”

El tiempo, o Dios ponen a cada uno en su sitio. Quizás la felicidad sea el único baremo que tenemos a mano para medir el futuro de las cosas. Ojalá el movimiento ateo tenga buena ventura con tal de conseguir la felicidad de sus simpatizantes y que no sea una moda pasajera. De momento le aseguro que el cristianismo no lo es, que tiene una dilatada historia con muchos aciertos y con enormes errores.
Que Dios les acompañe.
Antes de empezar, quiero que quede clara una cosa, este tema toca muchos otros temas transversales: religión, cultura, represión, libertad, fe, saber estar, moral, civismo… Por lo tanto, me es totalmente imposible abordar todo esto en un artículo, así que se me pasarán un montón de cosas por comentar.


Me alegro, me alegro mucho, de que la gente empiece a pensar por sí misma en lo que cree y en lo que no, y por qué cree, y en qué cree. La pena es que se tenga que haber llegado a las escenas de tensión que se han visto en los medios de comunicación en el Colegio Macías Picavea. (Si Don Ricardo viese ésto, le gustaría).
Creo que lo más importante de esta polémica no es que un trozo de madera, escayola o silicona cuelgue de una pared, sino todo lo que significa. No sólo lo que simboliza el crucifijo para los cristianos, sino lo que significa para los que no lo son. Es esto último lo que me induce a pensar. ¿Qué pasa para que los no cristianos (los gentiles, en términos bíblicos) no quieran ver un crucifijo en las clases?
Las razones que se dan para proceder a la retirada de los crucifijos son: que España es un Estado aconfesional y porque su presencia ofende. Vayamos por partes:
1. El que estemos en un estado aconfesional quiere decir según el Art. 16 de nuestra Constitución que:
“1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”
No me meteré aquí como jurista de pacotilla, pero como se leer y pensar algo, concluyo que el Estado, estará al margen de las religiones, no se dejará influir por ellas; ahora bien, tendrá en cuenta las creencias de la gente. No quiere decir esto, que el Estado vaya en contra de las religiones, o que haga caso omiso de lo que la gente crea y actuar independientemente de las creencias populares, eso sería un Estado laico. Y en España eso no es así.
2. Sobre si la presencia del crucifijo ofende. En esto yo no puedo hacer nada. No me puedo poner bajo la piel del otro y sentir lo que el otro siente. Sí que lo puedo comprender, y entiendo que haya mucha gente que se sienta dolida y ofendida por las actitudes que en concreto la Iglesia ha tenido en el pasado. Lo comprendo. Comprendo que un padre no quiera que su hijo vea todos los días un crucifijo. Creo que tampoco es la forma correcta de superar una supuesta fase dolorosa de tu vida; creo que hay mucho “resquemor” y mucho odio mal enfocado detrás de esto, pero lo entiendo.
3. Una tercera causa podría ser el “porque hayan estado ahí desde siempre, no tienen porque seguir estando”. Razón, para mí justificada. Es bueno revisar de vez en cuando costumbres, leyes, normas. Ahora bien, ¿porqué se produce ahora esa reflexión?. Dejo ahí la pregunta.
Opinión personal: me parece un ejercicio sano el preguntarse el porqué de las cosas, el revisarlas. Si el crucifijo ofende, quitémosle. Si el crucifijo no representa nada para la mayoría, pensemos en quitarle. El que quiera una educación cristiana (con su crucifijo en la clase) para su hijo, que le lleve a un colegio donde les haya. Ahora bien, no nos pasemos de listillos, de modernos y de progres cuando la sociedad (la mayoría) no lo es todavía. Y recalco el todavía, porque creo que este debate como otros muchos se tienen que producir. La pregunta es ¿es la sociedad lo suficientemente madura y tolerante para afrontarlo y decidir?. Yo creo que no. Y lo explico de la siguiente manera:
Si el Consejo Escolar del colegio hubiera decidido quitar los crucifijos (aun con discrepancias dentro de él), no habría pasado nada. La vida seguiría su cauce, nos parecería de lo más normal; de hecho ni nos hubiéramos enterado, como ha ocurrido on otros miles de colegios. No habría habido sentencias, ni declaraciones incendiarias (principalmente dentro del seno de la Iglesia), ni agresiones verbales, ni maltrato, ni vejaciones, como las que está sufriendo el impulsor del proceso judicial. Sin embargo, los demandantes no acatan la decisión del Consejo Escolar y prosiguen con todo el proceso durante 3 años, hasta que les dan la razón. ¿Cómo se sienten ahora los padres que querían el crucifijo en las clases? El hecho de haber recurrido es el mayor hecho de intolerancia. Aunque tengan razón, ¿no han sido ellos más intolerantes por haber privado a los otros padres de un derecho que ya tenían? ¿No es acaso una incoherencia ser intolerante reclamando tolerancia?
Como cristiano, creo que esto es una buena noticia. No sé si es que lo veo demasiado optimista o es que es así. Me explico. Ya va siendo hora de que la gente nos mojemos, de que decidamos cada uno en lo que creemos, en qué Iglesia creemos. ¿Cómo queremos que sea nuestra Iglesia?. Si creemos en una Iglesia omnipresente, casi como si fuera la religión oficial del Estado (cosa que sería anticonstitucional), alimentadora y alimentada sólo por la presencia ritual, aborregadora y aborregada, dejándose llevar como átomos de mar en la marea, dogmática, legisladora y legislada por normas y preceptos… O si creemos en una Iglesia pequeña, trabajadora, que evangeliza con obras, sabiduría, testimonios, que cree en la libertad de la persona y que actúa en el corazón de cada creyente… Ahí os dejo el debate.
El otro día ví un anuncio un tanto curioso. Se trataba de una mujer que en una comida o cena en un restaurante se sentía incómoda, y en su cara se reflejaba esa incomodidad; al tiempo que en una pecera estratégicamente colocada, un pez globo se iba hinchando e hinchando. Ante tal problema, la señorita; porque para este tipo de anuncios siempre aparecen bellas señoritas y nunca mineros o pescadores; sólo se tenía que tomar unas pastillas o un potingue o algo así y su vida volvería a la normalidad. Y si se tirara un buen pedo, también. Aunque nadie o casi nadie lo haríamos.
Mis reflexiones al respecto, sobre este tema tan trivial, son varias, más de las que yo mismo sospechaba:
1. Tal como ponen el anuncio, el producto (yo no me atrevería a llamarlo medicina, porque en realidad no cura nada), lo venden como una solución áurea para situaciones de compromisos sociales, en los que está mal visto (oído y olido) tirarse un pedo. El eslogan perfecto sería algo así “No hunda su reputación y su escalafón social tirándose un pedo, tómese X”. De lo cual saco otras conclusiones:
1.1. Si tienes gases, vete al baño y quédate a gusto. Ya verás como se te pone mejor cara y el pez de la pecera se deshincha ipso-facto.
1.2. Si no quieres hundir tu reputación ventoseando y ventoseando, échate amigos y rodéate de gente que se tire pedos, de esta forma estarás en tu salsa, y nunca quedarás mal; pero por favor, no te gastes el sueldo en productos antiaéreos. Incluso hasta podríais organizar concursos y olimpiadas de pedos, ahí dejo la sugerencia.
2. Si sueles tener ventosidades muy a menudo, lo más probable es que seas así. Admitámoslo, tu cuerpo es así, tu cuerpo tiene una capacidad impresionante de generar masas de aire; así que lo único que puedes hacer es gestionar su salida de la forma más conveniente. Por lo tanto tu papel únicamente es ser gestor de pedos.
3. Sobre el tema de los pedos. Porque lo llamemos como lo llamemos son eso: pedos. Que si gases, flatulencias, ventosidades, pum… Me parece muy bien, pero al final de lo que estamos hablando es de pedos. Por favor, hablemos claro y empleemos un léxico que hemos tardado siglos en forjar.
Por si alguien dudaba esta es mi visión irónica sobre este asunto tan, tan, como decirlo, tan gaseoso.
A todo esto: al pan, pan y al pedo, pedo.
Aquí os dejo un anuncio francés del producto antiaéreo. Si entendéis algo, pues mejor para vosotros.
Creo que ayer asistimos a uno de los hechos que permanecerán a través de los años en el subconsciente colectivo de los españoles. A la machada de los doce goles a Malta, a las desternillantes carcajadas de la empanadilla de “Encalna”, sumaremos el brikindans, el crusaíto, el maiquelyason y el robocop.
¿Quién le iba a decir a un españolito de a pie de los años 70, que un señor disfrazado de yo-que-se-qué, con acento argentino, se iba a pasear por la Yugoeslavia (como se diría entonces), representando a España en la gala de Eurovisión, pronunciando palabras impronunciables y acompañado de unas bailarinas que se caían cada dos por tres?
¿Quién le iba a decir que no quedó el último, ni si quiera de los últimos, pues quedaron 9 países detrás de él?
Y para más inri, ¿quién le iba a decir, que había sido elegido y apoyado mediante votación popular por un buen número de españoles?
Pensaría que nos habríamos vuelto locos, que Eurovisión no es lo que era antes, que en qué se habría convertido este festival tan importante. Lo que seguro que no le habría extrañado es que Andorra nos diera 12 puntos y que Portugal y Francia 8 y 10.
Y la verdad es que yo no sabría cómo explicarle el cómo hemos llegado a este punto. Por un lado le diría que hemos llevado nuestra capacidad para el chiste y la juerga bastante o demasiado lejos. También se le podría explicar que ha sido una especie de boicot hacia un festival que ya no levanta las pasiones de antes. Y también se le podría decir que en estos días, buscar la novedad y lo novedoso y ser el primero en hacer ciertas cosas, te puede dar fama, nombre y dinero.
Y probablemente, lo que ha ocurrido estos días con Eurovisión y el fenómeno de dibujos animados que es Rodolfo Chikilicuatre, haya sido un poco de todo. Y estoy absolutamente en contra de un festival totalmente amañado, donde si eres un país con vecinos, recibirás más de un 12 y si tienes pocos, confórmate con lo que te caiga. No estoy de acuerdo con un festival en el que se sabe con anterioridad quienes son los que tienen más opciones de ganar o quienes van a estar en el candelero, sin juzgar su talento. Aquí podéis ver la teoría de la conspiración según Público:

De la misma forma creo que Bosnia, Francia y España, deberían haber quedado los últimos y no Reino Unido, que tenía una canción muy festivalera. A cada uno lo suyo.
El caso es que yo mismo hacía muchos años que no me reunía con mis amigos y mi familia para ver Eurovisión y ayer lo hice. Y también hacía años, que tanto abuelos, como niños pequeños, coreaban juntos un himno que les uniera:
1. El breikindans
2. El crusaíto
3. El maiquelyason
4. El robocop



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