You are currently browsing the category archive for the 'Cosas mías' category.
17 de octubre de 2009. Calle Alcalá, aledaños con la Cibeles. Una cantidad ingente de personas (50.000 para algunos, 1.200.000 para otros) se manifiestan supuestamente a favor de la vida o en contra de una ley promovida por el Gobierno.
En una de las manzanas cercanas, Rubén, el quiosquero, vende un sinfín de periódicos. En todos ellos: El Mundo, Marca, La Vanguardia… hacen especulaciones sobre lo que está ocurriendo muy cerca de allí.
Sin embargo, las portadas muestran en un recuadrito, un titular, o una pequeña frase la noticia sorpresa del día. El periodista deportivo Andrés Montes aparece muerto en su domicilio de Chamberí.
Sinceramente, no había descubierto hasta el viernes anterior a las 23.00 horas, que leí la noticia, que apreciaba a ese tipo raro. Extravagante, con vestuarios que sólo Corbacho podría superar; un jugón de las ondas, un dandy, el príncipe de la noche, un genio inconsciente de su genialidad -como he leído por ahí-.
Por lo que he leído, pues desgraciadamente a veces parece que necesitamos que la gente se muera para saber de ellos, su salud era bastante delicada y sabía perfectamente lo que era pasarlo mal, muy mal. Y me llama la atención su famosa frase “La vida puede ser maravillosa”. Probablemente, ni él se atrevió a darle un significado u otro: “La vida puede ser maravillosa”, pero en mi caso no lo es. O “La vida puede ser maravillosa” y yo lo sé.
Por mi parte, soy demasiado joven (o no) para poder definir la vida como maravillosa. Sólo sé que no se nada de la vida. Sé que es lo único que tengo, lo único que tenemos. Eso sí que lo sé. Lo demás, es salpimentarla, aderezarla, incluso caemos en la tentación de disfrazarla.
A pequeños sorbitos, a grandes mordiscos. Rápidamente, susurrándola, o como resbalándose. Sólo o en compañía. Para tí solito o para los demás. Con colorantes y conservantes o natural. De hecho las hay light y 0,0. Elige.
Me quedo con lo que he leído sobre él. Un verdadero testimonio de vida (quédate con lo que quieras de él), yo me quedo con su ironía, con sus frases lapidarias, con sus motes improvisados que nos han hecho a todos los que le veíamos un poquito más alegres y felices. Quien no se ha reído al oír ra-ta-ta-ta-ta al tirar un triple de Multiusos Garbajosa o Ricky Business. O al oir gritar ¡jugón! a E.T. Gasol o a Messi.
No sé si la vida puede ser maravillosa. Habrá que descubrirlo.
A veces, sin saber por qué, te ocurren pequeñas cosas inconexas que al cabo del tiempo unes e identificas como pequeños símbolos, que no sabes que quieren decir, ni sabes por qué están ahí, ni por qué suceden.
En varios de mis caminillos de vuelta a casa por la noche, o a orillas del mar, o en el campo cerca de mi pueblo de noche y casi siempre aparece ella.
Al final de una larga perspectiva que provoca una calle, o justo encima de la tienda de campaña, o girando levemente el cuello en verano, cuando veo la tele en el salón de casa (como queriéndose asomar a ver lo que veo)… allí aparece ella.
Como he dicho antes, muchas veces me ha encontrado ella a mí, llamando mi atención, incluso haciendo desviar mi mirada y a veces obviándola adrede. Y otras veces, buscándola yo: detrás de los altos edificios, tras las densas nubes.
Caprichosa ella. Lo bueno de nuestros encuentros es que muchas veces coincide cuanto más brilla con cosas que me pasan, normalmente días intensos, de encuentros, de cosas importantes, de cosas con corazón.
Quién sabe.
Memoria al viejo Hospital Rio Hortega.

En uno de mis múltiples paseos obligados por delante de su sombra, alargada cual ciprés delibiano, me vino a la cabeza este poema que estudiaba cuando iba al colegio. Que ni pintado.
Y recordaba todos los momentos pasados allí. Incluso me decía a mí mismo, “rondillero, y sin yo enterarme”. Muy malos momentos, malos momentos, rabia, tristeza, soledad, sustos, melancolía, hastío, la nada, cotidianeidad, esperanza, compañía, humor, alegría, buenos momentos y muy buenos momentos. Recordaba todos los momentos que había vivido allí, o por lo menos los que más se me habían quedado. Fueran positivos o negativos, no me cabía la duda de que fueron demasiados.
La cantidad de escaleras que había que utilizar para ir a cualquier parte; el truco de levantar la ventana un poco para que se pudieran abrir del todo las dos hojas de la misma; el numero total de baldosas que había en todos los pasillos (al derecho y del revés, con el pie derecho y con el izquierdo); el olor a “tabacazo” de los baños públicos; el bajar a la 2ª a por un café o subir a la 4ª a por agua; la escasa sensibilidad de las enfermeras al cerrar por la noche la sala de las taquillas; el “por favor, el suero se ha acabado”; el tomar prestada la manivela del vecino para subir o bajar la cabeza de la camilla… Forman ya parte de mi memoria, no sé si huirán de ella alguna vez o permanecerán, quién sabe.
A un olmo seco
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
(ANTONIO MACHADO)
Sí. Viejo, solitario, yermo, vacío, centenario, polvoriento. ¿Pero cuánto ha dado de sí? ¿Cuántas hojas verdes? ¿Cuántas melenas de campana? ¿Cuántos yugos de carreta? ¿Cuántos rehabilitados y sanados?
Quizás piensas que soy muy optimista. Quizás opinas que no todo es así, que también hay hormigas, derribos y carcomas; torbellinos, telas de araña y valles y barrancas. Y tienes razón. Lo sé.
Pero, quizás sea que mi corazón espera otro milagro de la primavera.
Ya sabía yo, que iba a tener que escribir… Si es que… ¡No me toquéis la Semana Santa, que me conozco!
Pues nada, que se veía venir. ¡Y zasca! ¡Polémica al canto!
No voy a entrar sobre el aborto. No quiero discutir sobre qué es vida, y que no es vida. Cuando es moral e inmoral el aborto. No.
No voy a entrar tampoco en la ridícula campaña de la iglesia comparando a un bebé con un lince. En otras campañas, están más acertados; pero en ésta, se han lucido, ¡y bien!.
[Por cierto, que os veo venir. En el título no pone nada relativo a los parkings, si no al hecho de acaparar. Si lo has leído bien, enhorabuena.]
A mi esto me está dando un tufillo, un poco raro. Lo de acaparar, digo. Me huele que más de uno, se está intentando acaparar de lo que ya no es totalmente suyo como antaño. Y me refiero, para empezar, a la iglesia y a la Semana Santa.
Pretender utilizar esta Semana Santa como pancarta, es algo que hubiera sido viable hace 30 o 40 años, pero ahora no. Y lo que más me duele es que se quiera utilizar con chulería, como demostración de poder ante el gobierno, como queriendo decir (imaginaos a Gila diciendo esto al teléfono) “Mira, mira, pues parece ser que hay mucha gente que está en contra tuya…! ¡Y parecen organizados!”. Como diré luego, la Semana Santa, es un producto cultural, no religioso. Si fuera únicamente religioso, muchas cosas tendrían que cambiar…
Luego están las Cofradías y Hermandades, curiosas instituciones que sobreviven aún en nuestros tiempos. Y no sólo sobreviven, sino que a veces acrecientan su número, y más aún en estos tiempos en los que todo lo que huele a cristiano tiende a decrecer. ¿Por qué será? Tómalo como crítica y/o alabanza.
Pues parece que también ellas se quieren adueñar y mear fuera del tiesto. Y no es la primera vez, que tienen disputas barrio bajeras. Me refiero en concreto a las vallisoletanas que se niegan a acudir al pregón que dará Gustavo Martín Garzo. Algún día aprenderán que lo importante no es su cofradía, sus pasos, su banda, su hábito, sus procesiones y su sede. Ya no entro a valorar que sean cristianas o no, pues hace tiempo tengo mis conclusiones al respecto; sino que su papel es uno más dentro de estas grandes “tragedias barrocas”. Que sin el escenario, ni las luces, ni el director, ni el atrezzo (bueno, eso ya lo ponen ellos), no son nadie. Que si el alcalde no les corta las calles, no pueden sacar a “sus pasos”, que son patrimonio de todos.
La Semana Santa es algo culturalmente complejo de definir, pues es la suma de muchos ingredientes. Todos sabemos de donde surge el celebrar la Semana Santa en nuestros lugares de esta forma, en su momento tenía un sentido. Pero ahora tiene otro, en el que tiene más peso la tradición y las formas, en detrimento de la religiosidad y el contenido. Si quisiéramos ahora actualizar su contenido, celebraríamos ahora la Semana Santa de otra forma diferente y… ¡se nos tacharía de herejes!. Imaginaos la Semana Santa como la Partidance, igual en las formas, pero cambiando el contenido. La Partidance (con sus detractores, entre los que me encuentro), es una forma actual de celebrar masivamente algo; como lo eran los enormes pasos de las diferentes cofradías en los siglos precedentes.
Y para mí, su principal valor es éste, el de haber preservado su espíritu a lo largo de centenares de años, lo que la hizo ser lo que es. Y eso, es algo cultural, pero con un marcado trasfondo religioso. Y también me atrevería a decir que creo que nuestra Semana Santa catequéticamente, pedagógicamente, celebrativamente y espiritualmente (¡cuanta mente!) no es la mejor manera de vivir la Pascua. O al menos, sólo las procesiones. Menos mal, que por parte de la jerarquía, se está pretendiendo utilizar este período de masas para dar cierto sentido a estas fechas mediante celebraciones litúrgicas y actos catequéticos.
Para terminar; un simple lazo blanco no va a empañar una Semana Santa. Pero pienso que no es el lugar. Los cofrades no son como los jugadores de fútbol que llevan brazaletes cuando hay que sumarse a alguna conmemoración o protesta, o no deberían serlo.
El atreverse a proponerlo, me parece algo mal educado, por que se pone a las cofradías en un brete; me parece fuera de lugar, por que es querer acaparar un protagonismo que ya no tienes; me parece una meadura fuera del tiesto, por que gracias a la postura tan clara de rechazo hacia el gobierno, al proponerlo, estás politizando las procesiones; y por último, el lazo blanco en un cofrade me parece una horterada macarra.
Si el debate hubiera surgido dentro de las propias cofradías, me parecería algo totalmente sano. Aún así, creo que lo del lacito blanco, no es la mejor solución para mostrar un desacuerdo hacia este tema. El que quiera manifestarse, que lo haga en las manifestaciones. Pero las procesiones, son lo que son: algo cultural, tradicional, con un fuerte trasfondo religioso, y ese trasfondo lo pone (o no) la persona que participa en ella, bien sea un cofrade, un conciudadano o un turista. Creo que esa es más o menos la realidad.
Por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar en todos los gestos que se hacen el Domingo de Resurrección? ¡Eso, si es celebrar la vida! Invito a que los que quieran estar a favor de la vida, a que vivan de una forma especial ese domingo.




Últimos reflejos ajenos