Este fin de semana, hemos recibido la visita del Papa a España. Es la segunda de Benedicto XVI y en teoría no será la última. Cuando hay acontecimientos importantes, suelo leer las ediciones digitales de los periódicos de tirada nacional. Es un ejercicio recomendable.
Y parece que vivo en dos países diferentes metidos en la misma piel de toro. La creyente y la agnóstica, la cristiana y la atea, los de izquierdas y los de derechas, los nacionalistas y los nacionales, los regionalistas y los españolistas, los progres y los carcas, los homosexuales y los heterosexuales, los beatones y los modernos, la jerarquía y la iglesia de base… He visto éstas dos Españas en las imágenes que nos ha ofrecido la TVE estos dos días.
Ha habido de todo y para todos. Al igual que en las elecciones (donde nunca nadie sale perdedor), todo el mundo ha acudido a este acontecimiento para sacar las conclusiones que mejor le convienen a sus intereses. Analicen ustedes mismos el hecho desde las perspectivas de los colectivos nombrados anteriormente. Desde una cruzada contra Zapatero, hasta un diálogo entre todas las sensibilidades; desde afluencias masivas, a frialdad en el ambiente de la calle; desde una crítica al laicismo, a un análisis certero de la realidad…
Curioso y alarmante es el caso de Zapatero, capaz de ir a rezar con Obama o a Turquía y sin embargo incapaz de convivir dos días con el Papa. Entiendo que para alguien no creyente, ir a una misa no te diga nada, pero de ahí a ¡irte a Afganistán!, pues creo que hay un punto intermedio. Este fin de semana ha servido para demostrar que es Zapatero quien tiene un problema de convivencia con la jerarquía de la iglesia y no viceversa (al menos por ahora).
Vuelvo al evento. He visto múltiples Españas. Y lo que no entiendo es que se nos quiera vender que esas múltiples Españas: diferentes sensibilidades, creencias, vivencias, sexualidades, posicionamientos políticos… tengan que ser inmiscibles como el agua y el aceite (por cierto, en exceso vertido sobre el altar de la Sagrada Familia). ¡Qué difícil debe ser defender lo tuyo pero dejando al contrario espacio para defenderse!
Por cierto, maravillosa obra la Sagrada Familia, templo pintado con la luz de colores infinitos que son reflejo de la luz de Dios; con pilares inclinados, como lo es la fe de los hombres; con bóvedas de comprensión imposible, como resulta a los creyentes cuando intentamos comprender lo que está por encima nuestro; con pilares firmes, como lo son los santos y los apóstoles; con las portadas del nacimiento y de la pasión, para entrar acomprender el misterio de la fe; con torres (8 de 18) que intentar tocar lo trascendente; con la belleza como lenguaje para llegar a lo más profundo; y así un sinfín de metáforas de lo que simbolizan sus formas únicas.