Ya sabía yo, que iba a tener que escribir… Si es que… ¡No me toquéis la Semana Santa, que me conozco!
Pues nada, que se veía venir. ¡Y zasca! ¡Polémica al canto!
No voy a entrar sobre el aborto. No quiero discutir sobre qué es vida, y que no es vida. Cuando es moral e inmoral el aborto. No.
No voy a entrar tampoco en la ridícula campaña de la iglesia comparando a un bebé con un lince. En otras campañas, están más acertados; pero en ésta, se han lucido, ¡y bien!.
[Por cierto, que os veo venir. En el título no pone nada relativo a los parkings, si no al hecho de acaparar. Si lo has leído bien, enhorabuena.]
A mi esto me está dando un tufillo, un poco raro. Lo de acaparar, digo. Me huele que más de uno, se está intentando acaparar de lo que ya no es totalmente suyo como antaño. Y me refiero, para empezar, a la iglesia y a la Semana Santa.
Pretender utilizar esta Semana Santa como pancarta, es algo que hubiera sido viable hace 30 o 40 años, pero ahora no. Y lo que más me duele es que se quiera utilizar con chulería, como demostración de poder ante el gobierno, como queriendo decir (imaginaos a Gila diciendo esto al teléfono) “Mira, mira, pues parece ser que hay mucha gente que está en contra tuya…! ¡Y parecen organizados!”. Como diré luego, la Semana Santa, es un producto cultural, no religioso. Si fuera únicamente religioso, muchas cosas tendrían que cambiar…
Luego están las Cofradías y Hermandades, curiosas instituciones que sobreviven aún en nuestros tiempos. Y no sólo sobreviven, sino que a veces acrecientan su número, y más aún en estos tiempos en los que todo lo que huele a cristiano tiende a decrecer. ¿Por qué será? Tómalo como crítica y/o alabanza.
Pues parece que también ellas se quieren adueñar y mear fuera del tiesto. Y no es la primera vez, que tienen disputas barrio bajeras. Me refiero en concreto a las vallisoletanas que se niegan a acudir al pregón que dará Gustavo Martín Garzo. Algún día aprenderán que lo importante no es su cofradía, sus pasos, su banda, su hábito, sus procesiones y su sede. Ya no entro a valorar que sean cristianas o no, pues hace tiempo tengo mis conclusiones al respecto; sino que su papel es uno más dentro de estas grandes “tragedias barrocas”. Que sin el escenario, ni las luces, ni el director, ni el atrezzo (bueno, eso ya lo ponen ellos), no son nadie. Que si el alcalde no les corta las calles, no pueden sacar a “sus pasos”, que son patrimonio de todos.
La Semana Santa es algo culturalmente complejo de definir, pues es la suma de muchos ingredientes. Todos sabemos de donde surge el celebrar la Semana Santa en nuestros lugares de esta forma, en su momento tenía un sentido. Pero ahora tiene otro, en el que tiene más peso la tradición y las formas, en detrimento de la religiosidad y el contenido. Si quisiéramos ahora actualizar su contenido, celebraríamos ahora la Semana Santa de otra forma diferente y… ¡se nos tacharía de herejes!. Imaginaos la Semana Santa como la Partidance, igual en las formas, pero cambiando el contenido. La Partidance (con sus detractores, entre los que me encuentro), es una forma actual de celebrar masivamente algo; como lo eran los enormes pasos de las diferentes cofradías en los siglos precedentes.
Y para mí, su principal valor es éste, el de haber preservado su espíritu a lo largo de centenares de años, lo que la hizo ser lo que es. Y eso, es algo cultural, pero con un marcado trasfondo religioso. Y también me atrevería a decir que creo que nuestra Semana Santa catequéticamente, pedagógicamente, celebrativamente y espiritualmente (¡cuanta mente!) no es la mejor manera de vivir la Pascua. O al menos, sólo las procesiones. Menos mal, que por parte de la jerarquía, se está pretendiendo utilizar este período de masas para dar cierto sentido a estas fechas mediante celebraciones litúrgicas y actos catequéticos.
Para terminar; un simple lazo blanco no va a empañar una Semana Santa. Pero pienso que no es el lugar. Los cofrades no son como los jugadores de fútbol que llevan brazaletes cuando hay que sumarse a alguna conmemoración o protesta, o no deberían serlo.
El atreverse a proponerlo, me parece algo mal educado, por que se pone a las cofradías en un brete; me parece fuera de lugar, por que es querer acaparar un protagonismo que ya no tienes; me parece una meadura fuera del tiesto, por que gracias a la postura tan clara de rechazo hacia el gobierno, al proponerlo, estás politizando las procesiones; y por último, el lazo blanco en un cofrade me parece una horterada macarra.
Si el debate hubiera surgido dentro de las propias cofradías, me parecería algo totalmente sano. Aún así, creo que lo del lacito blanco, no es la mejor solución para mostrar un desacuerdo hacia este tema. El que quiera manifestarse, que lo haga en las manifestaciones. Pero las procesiones, son lo que son: algo cultural, tradicional, con un fuerte trasfondo religioso, y ese trasfondo lo pone (o no) la persona que participa en ella, bien sea un cofrade, un conciudadano o un turista. Creo que esa es más o menos la realidad.
Por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar en todos los gestos que se hacen el Domingo de Resurrección? ¡Eso, si es celebrar la vida! Invito a que los que quieran estar a favor de la vida, a que vivan de una forma especial ese domingo.



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