Antes de empezar quiero explicar que el título, que pudiera ser ofensivo; está puesto en clave de sarcasmo por cómo los medios y diferentes partidos e ideologías han manejado y utilizado un caso particular, el de Eluana, para arrimar el ascua a su sardina. Quizás sería más correcto poner “los que quieren morir hablan”. Yo quiero hablar aquí no sólo de la señora Englaro, sino hacer una reflexión general sobre la eutanasia (del griego “buena muerte”).
He de confesar que me reconozco como un desconocedor (valga la redundancia) de la eutanasia y de la postura oficial argumentada de la Iglesia, aunque sí me he informado sobre sus declaraciones al respecto en los últimos días. En el caso concreto de Eluana Englaro, desconozco cómo era la vida que llevaba, pues la información cambia mucho según el medio en el que se lea, (malditos partidos e ideologías, en este caso). Para unos hasta sonreía y para otros hasta tenía llagas y sólo podía ponerse en una postura.
Además, creo que es un tema muy complejo. Afecta a muchos campos, a la moral, a la religión, a la política, a la sociedad, a la medicina, al derecho, incluso a la economía y todo ello englobado en la bioética. Y sin embargo, como seres humanos que vivimos ahora, en nuestro tiempo, tenemos la obligación de dar una solución a un determinado y eterno problema, en este caso con nombres y apellidos y en un lugar concreto: Italia ¿no había otro país?.
Yo, ciudadanito de a pie, creyente, todo esto me supera, pero también voy a dar mi opinión, me apetece. Me apetece compartir lo que yo creo al respecto.
Es una obligación y también un deber parlamentar y dialogar sobre este tema, y nunca despotricar y aferrarse como si sólo hubiese un punto de vista al problema. Probablente (otra vez esta palabra) todas las posturas al problema tengan sus aspectos positivos y negativos y seguramente no haya un único camino. Elijamos entre todos el menos malo, el camino que para cada persona sea el mejor.
Exactamente no sé cual es la finalidad de la medicina: si es evitar la muerte o que la persona tenga la mayor calidad de vida posible. A mí, y a mi familia nos han sanado, pero no sé cuales son los fines últimos de su profesión. Si hay algún médico que me quiera responder al respecto, escucharé con atención.
Por otro lado, me pregunto como aquél viejo anuncio ¿Y Dios que opinará de esto? En teoría, y por lo que he leído, la postura la de la Iglesia es “la vida es un bien no disponible”, en palabras textuales del Papa y además se remite a las curaciones que hizo Jesús. Y lo que yo interpreto es: ¿hay que esperar a que Dios haga un milagro por esta chica? ¿por qué ella? ¿y va a salvar Dios a todos los enfermos en estado vegetal? ¿sería justo ésto?
En otra cara de este poliedro, me pregunto ¿No tiene suficiente libertad el hombre como para decidir sobre su propia vida? ¿El hombre -o persona- en el que cree la jerarquía eclesiástica es alguien contrapuesto a Dios? ¿No es verdad que Dios habita en nosotros? ¿No es verdad que nos creó a su imagen y semejanza? ¿No es verdad que nos creó libres? ¿En qué hombre creen?
Lo que quiero decir con otras palabras es que la persona es algo tan complejo es una mezcla de razón y corazón, de creencias y razonamientos, de salud y de enfermedad, de vida y de muerte… Y todo eso, lo ha creado Dios, libre, tan complejo y tan natural a la vez. Y considero que las personas también somos Dios (no tomen a la ligera esta afirmación) y que tenemos capacidad de decidir sobre la vida y la muerte. A lo largo de la historia hemos acertado y nos equivocado muchísimas veces. Y ha habido etapas de muchos aciertos y etapas de error tras error. Y estamos aquí tras siglos y milenios de existencia, y nos seguimos preguntando sobre la vida y la muerte y reflexionamos sobre ¿qué pensará Dios sobre ello?
Y lo más bonito es que toda esa historia humana, es también una historia divina. Dios ha estado en cada paso, en cada acierto y en cada error. La metáfora que se me ocurre para esta situación es como cuando un niño pequeño que quiere coger algo y antes de enfrentarse al problema le mira a su papá (abbá) para que se lo solucione -como queriendo decir “mira a ver si haces algo”- , en vez de buscar la manera de cogerlo. Y su padre, le mirará y dejará que se caiga y que a lo mejor se golpee y se vuelva a levantar para conseguir lo que quiere. Señores de blanco y púrpura, seamos adultos, asumamos nuestro poder (el de gestionar y vivir nuestras vidas) eso sí con responsabilidad; nos equivocaremos seguro, pero juntos, y siempre juntos, encontraremos la solución menos mala. Como dije antes, lo hemos muchas veces mal, pero hasta aquí hemos llegado y diría yo que ¡qué bien estamos!.
Que quede claro que creo en los milagros, pero no en milagros programados y a la voluntad del hombre; sólo Dios sabe cómo, cuándo y porqué. Dios es amo y señor. Todos los esfuerzos por racionalizar y explicar los milagros de Dios les considero inútiles. Es imposible comprender el “modus operandi” de Dios. No sé si la jerarquía de la Iglesia pretendía un milagro de Dios, o si esperaba a que esa persona muriese de vejez, lo desconozco.
El dolor es algo inherente a la condición humana, desde el Vaticano se afirma que hemos de asimilarlo, que no hemos aprendido a vivir con él. Y en parte tienen razón. Ahora bien, ¿es humano (y mucho más, cristiano) el dolor por y para alargar una vida ad infinitum? Quizás, nos hayamos convertido en un mundo super-práctico, donde hay que conservar lo que vale y deshechar lo que no vale, incluso con las vidas humanas. Últimamente me pregunto, si no nos estaremos aferrando tanto a la razón y a la ciencia, como para no dejar paso al milagro. ¿Creemos tanto en qué esa vida no sirve, no vale, “no es vida”? ¿Lo tenemos tan claro? Y seguramente, al 99,999999% la vida de Eluana era irreversible. Ahora bien, ¿su vida era digna? ¿para quién? ¿qué entendemos por digna? Abro el debate.
Podríamos debatir sobre el conservar la vida a ultranza, quizás por miedo a la muerte o a matar, podríamos hablar si a Eluana la han matado o ya estaba muerta. Por cierto, ¿por qué se habla del derecho a una vida digna, cuando se debería decir el derecho a una muerte digna? Si es que las muertes son dignas, claro.
Resumiendo. Doy un sí rotundo y en mayúsculas a la vida. Y a la vida entendida no sólo en cuanto a lo físico, no sólo encerrada en el cuerpo. Seguramente haya muchos casos de personas encarceladas en su cuerpo y sin embargo libres en su alma.
Doy un no a un prolongamiento de la vida del cuerpo humano (distanasia) sin sentido, cuyo único fin es la negación de la muerte a toda costa.
Que Dios nos ayude a comprender nuestra naturaleza humana y divina.
P.D.: Animo a escribir sobre el tema. A mí, me plantea muchas dudas y según iba escribiendo, me iban surgiendo más en mi cabeza. Creía tener ideas claras al principio y al final he navegado en un mar de dudas, pero sin dudas no se crece. Gracias a ‘El Hierro y el Azúcar‘ por abrir brecha y plantear este debate.



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17 Febrero 2009, Martes a 11:11 am
juanillogil
Ya sabes lo que opino, que mi blog y el bar han dado para mucho… Ya sabes que mi sí ala vida es igual de rotundo que el tuyo, pero sí a la vida digna, y en nosotros está luchar porque eso sea así. Y no hay nada, a pesar de ser crsitiano, que me dé más miedo que morir. Pero morir formaparte de esa vida, y me sorprende la postura que adoptó mi Iglesia…
Que descanse en paz.
Y aprovecho: que descanse en paz Marta del Castillo, lejos de circos mediáticos telecinqueros. Y que paguen los que tengan que pagar, que tal vez no sean sólo su ex-novio y los que lo encubrieron, sino la sociedad que dio ese fruto. La vida de ese chico no era nada facil. Y terminó en una tragedia que seguramente sobrepasa su entendimiento. Y Marta lo pagó con la vida. Y sus padres con la vida sin ella…