Carta a los responsables de la campaña “pro-ateísmo”.

Estimados señores ateos:

Me ha llamado la atención su campaña copiada literalmente de Londres, cuyo slogan traducido al español es “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.

Al igual que ustedes se están expresando libremente, yo lo haré así también, intentando transmitir lo que siento y creo, aunque expresarlo con palabras sea muy difícil.

Como punto de partida, me preocupa una cosa; bueno, más que preocuparme, me remueve las entrañas el grado de insatisfacción, angustia, quemazón que han tenido que sufrir ustedes para haber llegado a este punto. Me refiero a qué angustia vital han debido de vivir: a contra-corriente, en contra de la mayoría, en contra de dogmas, en contra de la Iglesia. ¿Cómo se debe vivir estando convencido (aunque manifiesten que probablemente Dios no exista) de la ausencia de Dios cuando su mundo, y me refiero a la España de los años 40-60, está totalmente mediatizado por la Iglesia? Por que creo que sus convicciones no son fruto de estos tiempos, sino de tiempos de dictadura y opresión. O al menos quiero creer en eso.

Desconozco la situación y la historia personal de ustedes, pero sólo puedo entender la campaña desde el resentimiento que hayan podido sufrir. Y veo mucho resentimiento en esta campaña. Veamos:

Empecemos por el final: “disfruta la vida”. Lo primero que pienso es ¿ser creyente quiere decir no disfrutar de la vida? Por supuesto que no. Parece ser que los cristianos somos unos seres que vamos con el flagelo en el bolsillo, o que estamos todo el día dándonos golpes en el pecho entonando el “mea culpa”. O también que estamos encarcelados en conventos y monasterios o que orar no es disfrutar de la vida.

Pues les digo que habrá de todo “en la viña del Señor”, pero mi opinión personal es que cada uno está llamado a buscar su felicidad: unos son felices en un monasterio de clausura rezando (incluso también por ustedes, que no creen en Dios); otros encuentran la felicidad siendo uno más con los que poco tienen, con los necesitan un poco (o un mucho) de ayuda; otros son felices siendo pastores, sacerdotes, dedicando su vida a la gente que Dios pone en su camino; otros son felices siendo maestros, educadores, enseñando desde el respeto a toda creencia… Hay quien encuentra su felicidad siendo militar y para otros ser militar significa disciplina, recias normas, guerra, etc. ¿Quién es quién para opinar sobre la felicidad del otro? O como ustedes dicen ¿para opinar sobre el disfrute de la vida ajena?

La frase “deja de preocuparte” no sé por dónde cogerla. No sé si es una simple llamada al hedonismo; hecho que refuerzan con la afirmación “disfruta la vida” y es algo con lo que estoy en contra.

No sé si se refiere a “no te preocupes de los demás y ni de nada, preocúpate sólo de tí mismo”. A lo que también estoy en contra.

O si es más bien “olvídate de dogmas, normas y obligaciones, lo que tú creas es lo que vale”. Aquí ya, hay que matizar. Sobre la ausencia de normas, no tengo nada que decir ¿qué sería de nuestra sociedad sin normas, sin deberes? ¿Son ustedes anarquistas?. Ahora bien, aquí ya estamos hablando de libertad (en el fondo toda la campaña está basada en la libertad de creencia). Efectivamente cada uno es dueño y señor de lo que cree, ¡faltaría más! Lo que pasa es que si tu eres cristiano, lo eres libremente y eso conlleva a aceptar y consolidar unas creencias, forjadas en la experiencia de Dios de mucha gente y desde mucho tiempo atrás. Salvando las enormes distancias, y que todo el mundo entienda por dónde voy: es como si uno eligiera formar parte de la comisión de festejos de un pueblo, eso le compromete a una serie de compromisos, (valga la rubundancia). Pero esos compromisos, han sido elegidos voluntariamente, nadie le ha obligado a “apuntarse”. Y esos compromisos son vistos como algo necesario. No sé si me entienden por dónde quiero ir.

Vayamos por último a su estandarte: “Probablemente Dios no exista”. Estoy completamente de acuerdo con ustedes; al igual que estoy con el que el que afirme “Probablemente Dios exista”.

Miren ustedes, les agradezco su forma de enfocar la campaña. Siendo ateos, podrían haber dicho “Dios no existe”, como así creen ustedes. Pero han preferido ser algo más astutos (ganando así mayor clientela) y también han sido más respetuosos, y en este sentido les aplaudo.

No voy a entrar aquí a defender o desmentir si Dios existe o no. Igual de razón tengo yo al afirmar que sí; que ustedes, que dicen que no. Ni el mismísimo San Agustín les podría llevar la contraria. Lo bueno (o malo) que tiene la fe, o al menos así lo entiendo yo, es que se basa en gran medida en experiencias personales, en “fiarse”, y ese “fiarse” es algo personal. Algo tan difícil como explicar el amor entre dos personas.

Para explicarme mejor, y nunca para intentar convencerles, les hago la siguiente pregunta: si va usted caminando ¿quién le asegura que el suelo no se hundirá al siguiente paso? Me dirá usted que es probablemente imposible que esto suceda, y me dirá que ha dado 100, 500, 2.000 pasos antes y que esto no ha sucedido. Si va más allá, me pasará un informe geológico, geográfico y edafológico y me documentará que nunca se ha producido ningún tipo de derrumbamiento ese tipo de suelo. Y me podrá dar mil razones más, y sin embargo, sus conclusiones nunca darán por descartado que el suelo se hunda al siguiente paso, porque su estudio está basado en experiencias, en una lógica aplicada y basada en experiencias.

Bueno, pues creer en Dios supone partir de analizar experiencias a la luz de la fe y del evangelio; y por mucho que le diga yo a usted, nunca le podré afirmar categóricamente que Dios existe. Usted dice que “Probablemente Dios no exista”, yo le digo “o sí”.

Para terminar, he de decir que no tengo nada en contra de ustedes como creo haber demostrado hasta ahora, ni por ser ateos, ni por ser librepensadores (espero que algún día me aclaren qué es eso).

Incluso voy más allá, si ustedes están comprometidos con su causa, imagino que prestarán ayuda y acompañarán personalmente a las personas que se adhieran a su causa. Dicho de otra manera, ayudarán personalmente a ser felices, o como dice su slogan “a disfrutar de la vida”, a cada uno de los que quieran acompañarles en su fin. Si es así, he de decirles que actuarán como buenos cristianos, cosa que me congratula. ¿Qué hay más gozoso que ayudar al prójimo a encontrar su felicidad? Aunque sea para apartarle de Dios, (o de lo que ustedes creen que es Dios), fíjense.

Déjenme que también yo desde mi libertad les haga las siguientes preguntas:

¿Verdad que su campaña no está dirigida contra nada ni contra nadie? ¿Verdad que su campaña no quiere ofender a nadie? ¿Verdad que en su campaña no hay otros “probablemente” encubiertos?. Déjenme que desde mi libertad piense mal, a lo mejor acierto:

“Probablemente la Iglesia sea una institución anticuada. Apostate y sea feliz”.

“Probablemente yo que soy ateo soy más feliz que usted que pierde su tiempo en ir a la iglesia”

“Probablemente soy más coherente que usted. Creo en lo que quiero. No creo en lo que me imponen”

“Probablemente vivo la vida más feliz que usted. Dios está lejos de mis placeres. No sabe usted lo que se pierde”

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El tiempo, o Dios ponen a cada uno en su sitio. Quizás la felicidad sea el único baremo que tenemos a mano para medir el futuro de las cosas. Ojalá el movimiento ateo tenga buena ventura con tal de conseguir la felicidad de sus simpatizantes y que no sea una moda pasajera. De momento le aseguro que el cristianismo no lo es, que tiene una dilatada historia con muchos aciertos y con enormes errores.

Que Dios les acompañe.