Antes de empezar, quiero que quede clara una cosa, este tema toca muchos otros temas transversales: religión, cultura, represión, libertad, fe, saber estar, moral, civismo… Por lo tanto, me es totalmente imposible abordar todo esto en un artículo, así que se me pasarán un montón de cosas por comentar.


Me alegro, me alegro mucho, de que la gente empiece a pensar por sí misma en lo que cree y en lo que no, y por qué cree, y en qué cree. La pena es que se tenga que haber llegado a las escenas de tensión que se han visto en los medios de comunicación en el Colegio Macías Picavea. (Si Don Ricardo viese ésto, le gustaría).
Creo que lo más importante de esta polémica no es que un trozo de madera, escayola o silicona cuelgue de una pared, sino todo lo que significa. No sólo lo que simboliza el crucifijo para los cristianos, sino lo que significa para los que no lo son. Es esto último lo que me induce a pensar. ¿Qué pasa para que los no cristianos (los gentiles, en términos bíblicos) no quieran ver un crucifijo en las clases?
Las razones que se dan para proceder a la retirada de los crucifijos son: que España es un Estado aconfesional y porque su presencia ofende. Vayamos por partes:
1. El que estemos en un estado aconfesional quiere decir según el Art. 16 de nuestra Constitución que:
“1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”
No me meteré aquí como jurista de pacotilla, pero como se leer y pensar algo, concluyo que el Estado, estará al margen de las religiones, no se dejará influir por ellas; ahora bien, tendrá en cuenta las creencias de la gente. No quiere decir esto, que el Estado vaya en contra de las religiones, o que haga caso omiso de lo que la gente crea y actuar independientemente de las creencias populares, eso sería un Estado laico. Y en España eso no es así.
2. Sobre si la presencia del crucifijo ofende. En esto yo no puedo hacer nada. No me puedo poner bajo la piel del otro y sentir lo que el otro siente. Sí que lo puedo comprender, y entiendo que haya mucha gente que se sienta dolida y ofendida por las actitudes que en concreto la Iglesia ha tenido en el pasado. Lo comprendo. Comprendo que un padre no quiera que su hijo vea todos los días un crucifijo. Creo que tampoco es la forma correcta de superar una supuesta fase dolorosa de tu vida; creo que hay mucho “resquemor” y mucho odio mal enfocado detrás de esto, pero lo entiendo.
3. Una tercera causa podría ser el “porque hayan estado ahí desde siempre, no tienen porque seguir estando”. Razón, para mí justificada. Es bueno revisar de vez en cuando costumbres, leyes, normas. Ahora bien, ¿porqué se produce ahora esa reflexión?. Dejo ahí la pregunta.
Opinión personal: me parece un ejercicio sano el preguntarse el porqué de las cosas, el revisarlas. Si el crucifijo ofende, quitémosle. Si el crucifijo no representa nada para la mayoría, pensemos en quitarle. El que quiera una educación cristiana (con su crucifijo en la clase) para su hijo, que le lleve a un colegio donde les haya. Ahora bien, no nos pasemos de listillos, de modernos y de progres cuando la sociedad (la mayoría) no lo es todavía. Y recalco el todavía, porque creo que este debate como otros muchos se tienen que producir. La pregunta es ¿es la sociedad lo suficientemente madura y tolerante para afrontarlo y decidir?. Yo creo que no. Y lo explico de la siguiente manera:
Si el Consejo Escolar del colegio hubiera decidido quitar los crucifijos (aun con discrepancias dentro de él), no habría pasado nada. La vida seguiría su cauce, nos parecería de lo más normal; de hecho ni nos hubiéramos enterado, como ha ocurrido on otros miles de colegios. No habría habido sentencias, ni declaraciones incendiarias (principalmente dentro del seno de la Iglesia), ni agresiones verbales, ni maltrato, ni vejaciones, como las que está sufriendo el impulsor del proceso judicial. Sin embargo, los demandantes no acatan la decisión del Consejo Escolar y prosiguen con todo el proceso durante 3 años, hasta que les dan la razón. ¿Cómo se sienten ahora los padres que querían el crucifijo en las clases? El hecho de haber recurrido es el mayor hecho de intolerancia. Aunque tengan razón, ¿no han sido ellos más intolerantes por haber privado a los otros padres de un derecho que ya tenían? ¿No es acaso una incoherencia ser intolerante reclamando tolerancia?
Como cristiano, creo que esto es una buena noticia. No sé si es que lo veo demasiado optimista o es que es así. Me explico. Ya va siendo hora de que la gente nos mojemos, de que decidamos cada uno en lo que creemos, en qué Iglesia creemos. ¿Cómo queremos que sea nuestra Iglesia?. Si creemos en una Iglesia omnipresente, casi como si fuera la religión oficial del Estado (cosa que sería anticonstitucional), alimentadora y alimentada sólo por la presencia ritual, aborregadora y aborregada, dejándose llevar como átomos de mar en la marea, dogmática, legisladora y legislada por normas y preceptos… O si creemos en una Iglesia pequeña, trabajadora, que evangeliza con obras, sabiduría, testimonios, que cree en la libertad de la persona y que actúa en el corazón de cada creyente… Ahí os dejo el debate.



4 comments
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28 Noviembre 2008, Viernes a 1:12 am
Juan
Ay, qué dolor, qué dolor, qué pena…
Hemos visto con suma tristeza (especialmente para alguien que va a consagrar su vida a Él) cómo ciudadanos de bien se han estado arrojando crucifijos a la cabeza como si de la mejor de las armas se tratara. El señor (con minúscula, para no ‘confesionar’) que aparece clavado en los maderos jamás hubiera imaginado que el lugar en que lo asesinaron sería motivo de tanta desdicha para algunos hombres y mujeres.
Ya sabemos, un padre considera que el colegio público en el que estudia su hija, actriz, por cierto, del belén viviente que representarán en Navidad; considera, digo, que el objeto cruz es ofensivo para los no-creyentes, para su hija, y que vulnera la Constitución que, como bien indica Raúl, dice que el Estado no tendrá a ninguna religión como la oficial pero respetará la de sus ciudadanos.
El Derecho depende siempre de quien lo interprete. La letra de la ley a mi me lleva a pensar que el quitar a golpe de sentencia los crucifijos de las aulas del CP Macías Picavea atenta contra ese respeto que dice la Constitución que tiene a la confesión de cada uno. Los padres, alumnos y docentes del colegio, reunidos en el muy soberano Consejo Escolar de Centro, decidieron en su momento no retirar los crucifijos como sí lo han retirado la mayoría de los centros públicos. Ante eso, la opción delpadre podría haber sido llevar a su hijo a otro de los centros públicos que le corresponde por la zona en la que vive (Santa Clara, Real de Burgos; extremidades de La Rondilla en todo caso).
Y al contrario: la letra de la ley me hace pensar claramente que al ser el estado aconfesional, ningun edificio público debe ostentar signos visibles pertenecientes a ninguna religión, ya que personas ateas, agnósticas o de otras religiones tienen el mismo derecho que las cristianas (evidentemente) a ver los signos distintivos de su fe o Iglesia, y el respeto a todos obliga a evitar este tipo de signos. Si un padre quiere que a su hijolo eduquen ‘en cristiano’, el Estado financia centros concertados de la Iglesia a los que a su hijo puede acudir (en este caso, el Amor de Dios está justo enfrente del Macías Picavea).
Lo siento, pero no me posiciono. Y es más, si me posiciono, pienso que, efectivamente, en un colegio público no tiene que haber ningún crucifijo (de hecho, en casi ninguno lo hay).
Hay dos peros: el primero, que dónde queda la independencia de los centros escolares, cómo es posible que un juez pueda interferir en la sacrosanta decisión tomada por un Consejo Escolar más aún teniendo en cuenta que no es constitutiva de delito, y que si el padre cree que vulnera la Constitución, que se recurra al Tribunal Constitucional, que es el que nos debe iluminar al respecto (algún jurista pondrá objeciones a esto, y con razón, pero no me voy a detener a explicarlo).
Segundo pero: Lo siento, pero lo que no admito bajo ningún concepto es que alguien pueda decir que Cristo en la cruz es ofensivo para nadie: Creo que no lo es para los judíos, ya no. No lo es para los musulmanes, que consideran a Jesús como un profeta enviado por Alah. No lo puede ser para agnósticos y ateos, por lo que de secular tiene también Jesús, hombre que es matado por defender sus ideales basados, ante todo en la igualdad de todos los seres humanos. Y no lo es para los cristianos, que vemos a un Dios que se hizo niño pobre para enseñarnos el camino de la Salvación del hombre: Dios es Padre y todos, por ser hermanos, somos iguales, y a partir de ahí el resto. Si el típico padre toca-huevos presente en cada centro escolar quiere buscar las vueltas, y a él la cruz le representa el trauma que adquirió con la Iglesia por vaya usted a saber qué, el problema es suyo, no de un centro escolar que decidió mantener los crucifijos, porque igual le ofenderán las cruces de semana santa o las medias lunas de la mezquita de la M-30, o la cruz verde de la farmacia de la esquina. Sí, es demagogia, la misma que han utilizado los que han defendido la retirada de los crucifijos. Ya sabemos que hay algún loco vestido de obispo, paranoide, que ve persecución a la Iglesia en la cola de la vacuna de la gripe, pero eso no es la Iglesia, ni es Cristo, ni somos los cristianos.
Qué tema más difícil. CLAROQUE NO DEBE HABER CRUCIFIJOS EN LOS CENTROS PÚBLICOS. Lo dice Raúl mejor que nadie: ya somos adultos para que la Iglesia no tenga que tutelar nada ni a nadie, no debe tener miedo la jerarquía en que los ciudadanos tomen sus propias decisiones… Pero que se respete cuando las toman…
28 Noviembre 2008, Viernes a 1:26 am
Crucifijos [Desde el Valle 48] «
[...] · No hay comentarios Respuesta publicada al artículo “Crucifijos liberadores”, por Raúl Alonso, en “El señor de los [...]
8 Febrero 2009, Domingo a 9:18 am
rafa
y si llevo a mi hijo a un centro publico, xq uno privado no me gusta. o vivo en un pueblo y no me queda otra opción?? por que no puede estar un crucifijo en la clase?? si, cm bien dice el post, la constitucion no lo prohibe. por no hablar de las raices cristianas innegables que hay en la sociedad española desde hace siglos.
pero xq TANTO ODIO AL CRUCIFIJO, si es un signo de salvación?? vamos, y que lo diga uno que presume de católico cm juangil…
yo creo q todos sabemos qien esta detras de las acciones de qitar los crucifijos, el padre que lo denunció en este colegio, que era colaborador del diario egin (http://www.abc.es/20081206/nacional-sociedad/padre-pidio-retirada-crucifijos-20081206.html) ya solo por partir de una persona q trabajó en un medio proetarra.
16 Febrero 2009, Lunes a 6:13 pm
raulonso
Lamento responder tarde, pero aquí estoy para argumentar mi punto de vista. Voy a ir poco a poco:
1. Si el Consejo Escolar (obsérvese que está en mayúsculas), que es órgano de gobierno de un centro, llega a la conclusión de que no haya crucifijos en el centro; se tendrá usted que plantear qué es más importante para su hijo y para usted: que su hijo pase una parte de su día a día sin crucifijo o llevarle a otro pueblo, o en su defecto a otro colegio (supuestamente más lejos de su casa) con el gasto y las consecuencias que le pueden conllevar a su hijo dicho traslado. También se puede plantear que le empiecen a gustar los centros privados, yo empezaría a interesarme por ellos.
2. Que no lo prohíba la Constitución, no quiere decir que obligue a ello.
3. Efectivamente las raíces cristianas son innegables en nuestra sociedad y de hecho España no sería lo que es si no fuera por el Cristianismo. Ahora bien, aplico mi punto 3 del artículo “porque hayan estado ahí desde siempre, no tienen porque seguir estando”. Creo que es bueno revisar nuestra historia y aprender de los errores del pasado para no aplicarles en el futuro. Va siendo hora de no imponer símbolos como se hizo antaño, el hacerlo porque forma parte de las raíces de España, es sólo centrarse en el pasado.
4. También coincido con usted en preguntarme el porqué de este odio al crucifijo si es un signo de salvación. Ahora bien, yo no puedo sentir el odio de otras personas como dije en el punto 2 del artículo. Y efectivamente, para mí el crucifijo es un signo de salvación, como para muchas otras personas; y he llegado a esa conclusión tras un proceso de fe; pero esa conclusión es mía. Y aunque lo crea así, y aunque crea que es lo mejor para los demás; he de respetar su proceso, hasta el proceso de llegar a no creer en Dios.
5. Por último, sobre Fernando Pastor, no seré yo el que tire la primera piedra. Aunque no será la primera, sino una más de toda la pila que lleva.
Saludos y gracias por dar su opinión.