Como decían los Celtas Cortos “Haz turismo invadiendo un país” (aunque no quiero coger el sentido estadounidense de la canción). No; hablamos del turismo de a pie, del turismo de masas, del turismo que todos hemos hecho y hacemos. Como sabéis, he estado trabajando como informador turístico; sin embargo lo que voy a escribir, lo hago desde mi propia experiencia como turista. Y sobre todo lo hago desde mi experiencia como turista de masas.
De lo que quiero hablar es de lo siguiente. ¿Qué nos mueve a gastar dinero, tiempo y fuerza? ¿Cuales son nuestras verdaderas motivaciones a la hora de decidirnos a visitar otros lugares? Digo lo de verdaderas porque a veces, detrás de la simple respuesta de “quiero conocer la cultura de tal país” está la verdadera motivación de “al volver quiero fardar diciendo que he estado en tal país, así se supone que tengo tal cantidad de dinero y tal prestigio y admiración popular”. Entendeis por dónde voy, ¿no?
Porque podríamos hablar al hilo de lo anterior, de cómo a pesar de que los precios hayan subido una barbaridad y en general la vida, que a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes, que cada vez hay más hipotecas y créditos (y los anuncios así lo atestiguan), la gente sigue gastando o invirtiendo en hacer viajes (cada vez más estrafalarios). Pero no quiero ir por ahí.
De lo que quiero hablar es de que cuando quieras organizarte un viaje, pienses bien qué es lo que de verdad te va a llenar, te va a merecer la pena. Y lo digo porque (y a mí me ha pasado) que dices: “ya que estoy aquí, tengo que visitar tal, tal y cual monumentos y estar aquí y ….” Y luego pasa lo que pasa. He llegado a la siguiente conclusión: los monumentos (cosas a visitar) son como las gominolas, que te pueden gustar mucho o puedes acabar empachado y aborreciéndolo. Así pues, creo que lo verdaderamente importante es disfrutar de cada una de ellas. De hecho he descubierto otra cosa, que puedes disfrutar más de la gominola antes y después que mientras la tienes en la boca. Ejemplo: estoy seguro de que al ver el lienzo de la Monna Lisa (la Gioconda), no vas a poder disfrutarlo en octava fila, de pie en puntillas, esquivando con la vista las cámaras de un grupo de 17 japoneses, con un grupo de escolares a tu izquierda, 29 personas-autómatas deambulando por la sala con sus audioguías mirando quién sabe dónde y un foco que siempre está puesto en mal sitio y no puedes ver la parte derecha del cuadro. A eso me refiero. ¿Verdad Alberto?
Como decía con lo de las gominolas. Hay que guardar un fino equilibrio entre cuerpo y deseo. Platón decía que el cuerpo era la cárcel del alma, que era lo que ataba al alma a este mundo terrenal. Por ahí voy. Tengo claro que cada gominola tiene su momento, dependiendo de tu estado de ánimo, de su sabor, del esfuerzo que haya que hacer para degustarla… Otro ejemplo: los Museos Capitolinos. Son una serie de edificios situados en la Piazza del Campidoglio (una de las colinas de Roma), en los que se recopilan (a veces se amontonan) y se exponen numerosas piezas, generalmente escultóricas, sobre la civilización romana. Pues bien, si uno previamente ha estudiado un poquito los períodos de Roma, estilos artísticos, etc, podrá degustar mejor esa gominola; de otra manera, sólo podrá deambular por sus infinitas salas, y pisos quedándose con la belleza o no de sus piezas (como fue mi caso). Ahora que lo que sí acerté fue visitarlo a última hora de la tarde, ya que en la cafetería hay una magnífica terraza desde la cual puedes contemplar el crepúsculo del astro rey sobre las clásicas cúpulas de Roma. Una experiencia para compartir.
Iré terminando. El cuerpo (como unidad) te pide mucho, es quien te puede dar alas o hacerte sentir la persona más cansada del mundo, es él quien te va a dictar tus anhelos y tus limitaciones. Escúchale a cada momento, dentro de lo que cabe, da rienda libre a tus pretensiones y anhelos. Sueña un poco allá donde estés, estás lejos de tu hábitat, te puedes permitir el lujo de dejar tus prisas habituales, de ver y subir en sitios donde sólo allí y en tus sueños puedes hacerlo, de darle a tu corazón alguna alegría y recuerda lo de la gominola: el placer de comerla puede estar antes, durante y después. Ojalá lo encuentres en las tres.



1 comment
Comments feed for this article
22 Abril 2008, Martes a 6:47 pm
raulonso
Espero que el foro ante el que escribo, ejerza su divino derecho a expresar su opinión en este humilde y solitario blog.
Amen.