En una noche tan importante para la historia reciente de nuestro país, voy a cometer la enorme frivolidad de escribir unas líneas sobre el personaje Rodolfo Chikilicuatre y su canción “Baila el Chikichiki”.

Anoche me dio por pensar porqué este fenómeno (en cuanto en lo mediático y no en lo musical), ganó en esta alegoría de la democracia que fue la elección de una canción para ir a Eurovisión.
Y quizás lo del Chikilicuatre, sea una metáfora de lo que es la democracia, para lo bueno y para lo malo.

Todo hay que decirlo, la canción es supermarchosa y a mí personalmente, me gusta. El personajillo, friqui buenafuentiano por excelencia, le aporta otro tanto a la candidatura; pero estaréis conmigo que si este fenómeno mediático no sale del programa de Buenafuente, no recibe ni tres votos. Bueno, sí dos de las bailarinas y el suyo propio.

Y aquí llega el debate. ¿Cómo se puede impedir (y creo que ayer lo intentaron), que este hombre represente a España en Eurovisión? ¿Es que a caso nos representa mejor que alguno de sus oponentes? Qué es más importante ¿la imagen o las horas de trabajo y arte que hay detrás?
Al final, el pueblo (sabio por principio), eligió.

Eligió, y prefirió seguir una broma, antes que dar alguna posibilidad de futuro a algún joven artista. Prefirió dar más fama a alguien que no la necesitaba y que tiene el futuro medio resuelto a alguien que se esforzó por darse a conocer con los talentos que tiene. Prefirió continuar con el show aun sabiendo que esa canción no era la más adecuada, ni mucho menos para el festival. En definitiva, prefiririó continuar riendo antes que pararse a pensar de sus consecuencias.

Espero que en estos momentos de resultados electorales, (y llevamos 17 minutos de escrutinios) muestren a un pueblo que se haya tomado la molestia de pensar qué quiere para su país y no se haya fijado sólo si Zapatero o Rajoy llevaran la chaqueta desabrochada en el debate.

¡Viva la democracia!
(Para bien y para mal)